• Casas
  • Laura Rodríguez
  • 13|03|2017
Descanso EN EL SUR
Una arquitectura responsable social y ecológicamente sustentable sin abandonar los cánones de belleza, es el resultado de la Casa MG.
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Arquitectura: Juan Pablo Ribadeneira Mora

La Casa MG, creada por el arquitecto ecuatoriano Juan Pablo Ribadeneira, fue diseñada para una familia con ganas de salir de la ciudad y vivir en un sitio donde sus hijos tuvieran espacio para jugar y áreas verdes a su alrededor. El inmueble está ubicado en el sector del Arenal, en el Valle de Tumbaco, a 40 minutos de Quito. Este sitio cuenta con varias características que lo convierten en un lugar agradable para residir, como el hecho de disfrutar de una temperatura cálida, debido a que se encuentra justo en la línea ecuatorial. Asimismo, el lote goza de una vista privilegiada hacia el espectacular Cañón del Chiche. Este paisaje natural se convirtió en el objetivo para desarrollar el concepto arquitectónico, ya que se buscó incorporar lo más posible el área exterior con el interior. Esto se logró gracias a la creación de una terraza, la cual, al abrirse, se fusiona con la sala principal, el comedor y la cocina, y éstos, a su vez, con el jardín.

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Entre los requerimientos que fueron planteados por los clientes desde un inicio, hubo uno que se convirtió en un verdadero reto para el proyectista: que la residencia se desarrollara en un solo nivel, lo que ocasionaría que la construcción ocupara más terreno. Para Ribadeneira lo más importante era tratar de salvar la mayor cantidad de algarrobos —árboles típicos de la zona— que existían allí, los cuales no pueden trasplantarse, pero al crecer proporcionan una enorme sombra que protege de los rayos directos del sol. Por otra parte, al estar distribuido el inmueble en un solo piso, se planteó la meta de tener la menor cantidad de corredores interiores, “que fuera una casa compacta a pesar de su gran tamaño”. Por otro lado, se dice que un arquitecto que se preocupa por cuidar tanto el presupuesto de la obra como la ecología del planeta se vale de los recursos regionales para su construcción; es por ello, que para cubrir las fachadas exteriores se empleó una piedra que existe en esa parte de los Andes, conocida como andesita, la cual se empleó en la construcción de todas las iglesias del centro histórico de Quito.

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Para los acabados interiores se utilizaron sólo materiales que en teoría no pasan de moda, como el mármol de procedencia peruana, aplicado en un formato grande en todo el piso del edificio, así como la madera de seike de color natural para las ventanas, celosías, zoclos y parte del mobiliario fijo. Esta última recibe un tratamiento especial al aceitarla para que no se descarapele con las lluvias. Las selección de las tonalidades de los muros jugaron un papel trascendental con la decoración, ya que los colores blanco y negro grafito permitieron que resaltaran como en una galería todas las obras de arte que uno de los clientes heredó de su familia, una colección significativa que proviene de la gran Escuela Quiteña y Cuzqueña de arte colonial ecuatoriano. También, es importante mencionar que la decoradora Ana María Guzmán fue quien estuvo a cargo del diseño de interiores y de paisaje. Finalmente, la propuesta de un juego de alturas que se hizo en el área social de la vivienda permitió tener diferentes entradas de luz en la parte superior, además de lograr que la volumetría fuera más atractiva para todo el conjunto.