• Casas
  • Ana Quiroz
  • 27|04|2017
A orillas de VALLE DE BRAVO
El arquitecto Genaro Nieto edificó esta casa bajo la premisa de lujo descalzo.
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"Las casas de campo son para gozarlas, vivirlas y tratar de pasar en ellas la mayor parte del tiempo”, aseguró Genaro Nieto Ituarte, quien es un especialista en residencias de descanso con más de 25 años de trayectoria arquitectónica. Sus clientes lo buscaron para proyectar una vivienda en uno de los lugares que él mejor conoce, y le pidieron un espacio en el que se sintieran seguros y confortables, en donde pudieran apreciar los atardeceres y recibir a sus amigos. Deseaban una casa contemporánea, no tan apegada al estilo característico de Valle de Bravo, con tonos claros y una propuesta en la que la arquitectura jugara un papel protagónico. El resultado fue un poco distinto, al menos en cuanto a los colores. “Mis clientes fueron extraordinarios, respetaron mis ideas de diseño y se involucraron al 100 por ciento; la casa fue creciendo poco a poco y terminamos en casi mil metros de construcción, a pesar de ser un terreno pequeño. Finalmente, cuando llegó el momento de darle color a la residencia, me dijeron que querían un tono más rojo de lo que pensábamos, y así evolucionó el proyecto, conservando un estilo de arquitectura mexicana y un color rojizo que contrasta muy bien con los tonos claros de los pisos, en su mayoría de mármol y cemento pulido”, agregó el arquitecto.

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La propuesta fundamental de la casa es la de la correcta interpretación del terreno, pues está enclavada en la ladera de una típica montaña de Valle de Bravo. La situación específica de su emplazamiento se solucionó siguiendo premisas básicas. Se resolvió un partido arquitectónico que ubica los distintos espacios habitables de manera lineal uno seguido del otro. Así, se logró utilizar la parte larga del predio, pero también se consiguieron vistas espectaculares hacia el lago desde todos los puntos relevantes, por ejemplo, el gran espacio abierto en donde se localiza la estancia, el comedor exterior y la alberca. Toda la vivienda funciona como un gran muro de contención que sostiene el terreno por encima de ella y deja seguir la ladera de la montaña hacia el lago. La residencia pose una ubicación privilegiada, pues se encuentra a unos metros del lago de Valle de Bravo.

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Para el arquitecto Genaro Nieto, la incorporación del paisaje al diseño y a la sensación vivencial de la casa es fundamental, por lo que se consideraron e incorporaron los ritmos y las texturas, además de las paletas de color de las montañas y de las piedras colindantes. La fachada vista desde el lago es sencillamente espectacular y contrasta a manera de figura-fondo con la montaña, pues interpreta esos ritmos y texturas logrando mimetizar la residencia con la naturaleza. En el proyecto se respetó la vegetación del sitio. Finalmente, con respecto al paisaje, para resolver la relación exterior-interior se pretendió que el lago fuera el gran protagonista en todo momento. Se siente y se disfruta tanto desde el gran espacio abierto de la planta baja, como desde las recámaras. El lago siempre está ahí. La terraza y la alberca se diseñaron como los espacios principales, siempre respetando los árboles que se encontraban en el sitio, los cuales son el elemento fundamental de la composición arquitectónica.