El hogar de Jennifer Aniston
En Los Ángeles, la actriz nos presume su espectacular casa mid-century.
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Styling: Lawren Howell

En la home office de Jennifer Aniston hay un escritorio imponente que parece haber salido de la suite ejecutiva de una empresa internacional. “Me siento extremadamente poderosa cuando me siento ante ese escritorio; tan poderosa, de hecho, que casi nunca estoy ahí”, bromeó la vibrante actriz. En cambio, Aniston prefiere trabajar en el relativamente modesto espacio en donde se encuentra su computadora: una cocina llena de luz en la casa de Los Ángeles que compartió con el actor y guionista Justin Theroux, y sus tres perros. “Es mucho más acogedor”, explicó. “Y me encanta lo acogedor”.

Es difícil no amar a Jennifer Aniston. Más de dos décadas después de que la estrella de Friends reclamara el título de Novia de Estados Unidos —una distinción dudosa, quizás, pero acertada de todos modos—, Aniston no muestra señales de renunciar al papel. Es divertida y milagrosamente tiene los pies en la tierra, sobre todo dado el desquiciante escrutinio de los medios que ha acompañado su carrera, sus relaciones amorosas y, sí, sus cortes de cabello. Y para los aficionados al diseño, Aniston ofrece un atractivo adicional: tiene un gusto impecable.

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“Si no fuera actriz, me gustaría ser diseñadora. Me encanta el proceso”, afirmó la remodeladora de casas serial. “Hay algo en la elección de las telas y los acabados que alimenta mi alma”. El compromiso de Aniston con el oficio fue puesto a prueba en su último proyecto residencial, la reinvención de una casa en Bel Air diseñada por el arquitecto A. Quincy Jones, de 1965.

La actriz adquirió la propiedad en 2011, tras vender su querida casa diseñada por Hal Levitt, en el enclave de Trousdale Estates, en Los Ángeles, y de un intento por instalarse en Manhattan (frustrado por los paparazzi que pululaban afuera de su edificio en Greenwich Village). Cuando compró la propiedad en Bel Air, ésta había sido renovada por el arquitecto Frederick Fisher, quien, a pesar de mantener la visión de Jones, había dejado la vivienda un poco fría y minimalista para el gusto de Aniston. “Tenía una entrada muy dramática que conducía a una enorme puerta pintada de color rojo”, recordó la actriz. “Estéticamente, era lo más alejado de lo que quería, pero inmediatamente tuve la sensación de que podía funcionar. Es difícil describirlo, pero sentí una conexión”.

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Aniston solicitó la ayuda del diseñador de interiores Stephen Shadley, con quien había trabajado previamente en su casa de Los Ángeles, para realizar una alquimia similar en Bel Air, es decir, conservar el tono modernista del esquema original, y al mismo tiempo suavizar algunas de sus líneas y vestir el interior con acabados y mobiliario táctiles y orgánicos. “Jen se siente atraída por la madera, la piedra y el bronce, materiales que tienen sustancia y profundidad verdaderas. No importa qué tan bello o glamoroso sea algo, debe ser cálido y acogedor”, comentó Shadley.

Aniston secundó la noción. “Lo sexy es importante, pero la comodidad es esencial”, afirmó, señalando como evidencia el sofá vintage Polar Bear, de Jean Royère, los sillones de Jacques Adnet y el sofá de Mies van der Rohe dispuestos en la sala de estar. Aniston atribuye el crédito de los interiores de la casa, hábilmente organizados, a un trabajo de equipo, con importantes contribuciones de Shadley y los diseñadores de Los Ángeles, Kathleen y Tommy Clements y Jane Hallworth, así como Theroux.

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“Justin definitivamente quería involucrarse, así que hubo una curva de aprendizaje para mí en la manera de incluir otra voz en el proceso de diseño”, explicó Aniston. “Me di cuenta de que decir inmediatamente que no a cualquier sugerencia no era un comportamiento muy colaborativo”.

Aniston describió la decoración —que parece abarcar varios siglos— como “El Viejo Mundo conoce al Nuevo Mundo”, una combinación políglota de papel tapiz pintado a mano, tapetes de seda y concreto pulido, pantallas japonesas antiguas y pinturas expresionistas abstractas. Y lo mismo para todas las piezas que se exhiben: obras de arte de Aldolph Gottlieb, Robert Motherwell y Glenn Ligon; mobiliario de Vladimir Kagan, Edward Wormley y Arturo Pani. El verdadero triunfo radica en la armonía de las diversas composiciones decorativas dentro de la arquitectura interior reconcebida por Shadley.

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“Cada rincón ofrece una experiencia. Nos esforzamos mucho para que todo fluyera”, expresó Aniston. El mismo imperativo guió la transformación del terreno, que antiguamente incluía un viñedo. El diseñador de jardines Marcello Villano y la arquitecta del paisaje Anne Attinger reorganizaron los espacios al aire libre como una serie de habitaciones abiertas, terrazas y jardines de inspiración asiática. Los domingos en el hogar Aniston están reservados para cocinar y pasar el rato junto a la piscina con amigos, niños y perros. “Pusimos una pequeña barra de tacos, y el chilli es muy bueno en los meses más fríos”, comentó la actriz.

Aunque la carrera de Aniston es tan fructífera como siempre (próximamente interpretará a una ex reina de belleza en la comedia independiente Dumplin’), la vida y el hogar que ha construido mantienen sus prioridades en orden. “Hubo un tiempo en que pensé que había algo de romántico en cambiar de sitio cada tres meses. Ahora elijo con más detenimiento los proyectos que tomo”, dijo. “Miro a mis perros y a mi hogar, y no hay otro lugar en donde quisiera estar.”