Arquitectura orgánica en Los Ángeles
Visitamos la icónica residencia Sheats-Goldstein, concebida por John Lautner (el legendario alumno de Frank Lloyd Wright), quien logró una obra fascinante.
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Arquitectura: John Lautner

Comencemos mencionando que la mansión de James Goldstein lleva la firma de una de las estrellas del movimiento de arquitectura orgánica: el legendario John Lautner, cuyos dramáticos espacios han sido utilizados innumerables veces como locaciones de cine, televisión y fotografía. Esta casa, por supuesto, no se queda atrás. Ubicada en Beverly Crest, Los Ángeles, California, la residencia, en donde vive el icónico y extravagante influencer de la moda, James F. Goldstein, establece un diálogo franco entre la naturaleza y los interiores, combinando el diseño innovador y la vegetación exuberante del entorno. Muchas veces señalado como un “vaquero moderno de ciudad” (probablemente debido a su pasión por los sombreros exóticos), Goldstein es un millonario y “superfan” de la NBA, quien solía asistir a más de 100 juegos cada temporada, sobre todo a los de Los Lakers y de Los Clippers.

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Su casa, conocida como “Sheats-Goldstein Residence”, fue diseñada en 1963 por el alumno de Frank Lloyd Wright para Paul y Helen Sheats, y en 1972 fue comprada por James, quién trabajó de la mano con el arquitecto para renovarla y actualizarla según la visión única de Lautner. John se encargó de la realización de una serie de cambios importantes, por supuesto preservando sus características principales: el diseño geométrico futurista, el jardín tropical, las esquinas y los bordes afilados, el uso extendido del concreto, el acero y el vidrio.

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Precisamente la industria cinematográfica más grande del mundo le pidió a Goldstein usar su casa para filmar varias películas de culto, como Los Ángeles de Charlie y El Gran Lebowski, asimismo, ha albergado fiestas memorables, como el cumpleaños número 27 de Rihanna, al que asistieron grandes estrellas como Naomi Campbell, Paris Hilton, Mick Jagger y Leonardo DiCaprio. Además de la arquitectura —un perfecto equilibrio entre lo orgánico y lo racionalista—, que quita el aliento, las vistas son espectaculares: Los Ángeles y el Océano Pacífico lucen esplendorosamente a través de los cristales de las ventanas. Construida en dos niveles, la residencia es muy vanguardista para su época.

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El techo, por ejemplo, está formado por dos enormes cubiertas triangulares de concreto, destacando los volúmenes y preservando los preciosos interiores, en donde la vegetación se convierte en parte integral de la escena doméstica gracias a los ventanales de piso a techo. No existen límites entre el interior y el exterior, y en todos los espacios éste es el concepto clave. En cuanto al jardín, el propietario acudió al arquitecto de paisaje Eric Nagelmann, experto en plantas tropicales, dado que —a pesar de los interiores minimalistas y el clima californiano, extremadamente seco— soñaba con el triunfo del verdor de la vegetación, inspirado en los paraísos exóticos de Bali y Tahití, algunos de sus lugares favoritos.

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El resultado es un país de las maravillas en donde palmeras, estrelicias blancas, higueras y plantas de bambú cohabitan en un bosque muy bien pensado con su melena de helechos, heliconias y enredaderas. Al seguir los senderos de concreto, nos encontramos con algunas instalaciones artísticas, como el Sky Box, del artista James Turrell: una habitación con un techo abatible y una cama desde la que puede admirarse un cielo “coloreado”, gracias a un efecto óptico especial. Para Goldstein, quien recientemente donó el complejo —incluyendo las colecciones de arte y las prendas de alta costura— al Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, el arte, así como el deporte, la moda, la naturaleza y la arquitectura, es un soplo de aire fresco. Y su residencia-oasis lo prueba.