HOGAR mexicano SIN reglas
Esta casa en medio del bosque se debe a un proceso interiorista que no sigue reglas y se guía por las buenas vibras de sus dueños.
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Concepto: Clan Prieto

Arquitectura: Guillermo de la Cajiga

La palabra no existe, es un concepto; el psicosibaritismo no tiene reglas, es una filosofía que se zambulle en la locura de un gusto exquisito y ordenado. Caos equilibrado, contrastes y mezclas de piezas, espacios, texturas, imágenes, colores y artistas de todo el mundo, pero cuidado, no hay que confundirlo con un estilo ecléctico, se trata más de un fractal de juego, locura y libertad. Para Carlos Prieto, el concepto aborda una confirmación de autenticidad que se integra en un festín visual y sensual de texturas, colores, sincretismo y belleza viva. “Un adicto psicosibarita encuentra belleza en la locura y sabe materializarlo en el espacio con absoluta libertad, atreviéndose a romper las estructuras sociales que enferman la mente naturalmente humana”, comentó Carlos Prieto, quien visitó este lugar hace algunos años y decidió que quería vivir aquí con su esposa y sus dos hijos, en total contacto con lo natural, rodeado de una vegetación que no ha sido tocada por el hombre y que ofrece unas vistas maravillosas cuando el sol hace su aparición.

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Si cae la lluvia, el ambiente cambia dramáticamente y se puede sentir la emoción de ver la fuerza de la naturaleza. Además, el lugar destila cierta magia, pues al caer la noche la bóveda celeste es nítida y se respira una auténtica tranquilidad. “Lo mejor de todo es que podemos tener ambientes naturales estando a sólo dos horas de la Ciudad de México, y Valle de Bravo nos queda a 20 minutos. Estás siempre conectado, si así lo quieres, y te desenchufas sin mayor problema. Ésa era una de nuestras intenciones al llegar aquí”, agregó Carlos Prieto, quien ha encargado el proyecto y ha trabajado en conjunto con el arquitecto oaxaqueño Guillermo de la Cajiga. Por eso, se entiende esa influencia de una arquitectura orgánica, que fluye, de muros fuertes y tonos vivos, con agua recorriendo la propiedad, desde el patio interior a los jardines exteriores. Hay vigas de acero, mucho cemento y maderas, algo de adobe y claras intenciones de jugar con los materiales porque, “todo se vale y se puede, no pasa nada. En esta conciencia de estética viva, tienes derecho a enloquecer”, aseguró Prieto.

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La familia se fue a vivir al terreno durante el proceso de construcción; para ello, edificaron una pequeña casa de una habitación a la que llamaron la “Choza rosa”, y a la que agregaron una cocina poco tiempo después. Se trata de dos volúmenes separados que rememoran la arquitectura popular de los pueblos en México. Así, este espacio psicosibarita emerge del profundo bosque, como una ofrenda genuina a la inspiración. Está rodeado de un ecosistema diverso y un equilibrio delicado. El proyecto arquitectónico se entreteje, con agradecimiento y respeto, con las formas, texturas y colores de sus dramáticos paisajes naturales. Las súbitas vistas a través del lugar, te conectan sensiblemente con los sentidos.