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  • Mayer Rus
  • 29|06|2017
Castillo de arena
La casa del diseñador Martyn Lawrence Bullard, en Palm Springs, combina una sosegada vista a la montaña con una vibra hedonista que recuerda los años 60.
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Diseño interior: Martyn Lawrence Bullard
Estilismo Stephen Pappas

Cuando hablamos de la arquitectura midcentury-modern de Palm Springs hay que ser específicos. Por un lado están los arquetipos del modernismo clásico californiano —cuyo mejor ejemplo quizás sea la Kaufmann House de Richard Neutra—, los cuales reproducen el lenguaje del Estilo Internacional, hecho con vidrio y acero y un racionalismo elegante. Pero también existe una escuela del modernismo más alegre, que adopta elementos historicistas, efectos teatrales y amplios espacios para obtener una mise-en-scène sibarita. Martyn Lawrence Bullard eligió un ejemplo de este último para su refugio en Palm Springs, lo que no sorprendió a quienes conocen al excéntrico interiorista de origen británico.

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Bullard y su socio, el promotor inmobiliario Michael Green, aprovecharon una casa de 1963 de James McNaughton, un diseñador de sets de Hollywood que encontró el último escenario de su carrera en el desierto del Coachella Valley. Con una arcada techada exterior, la estructura pareciera una maqueta de la Metropolitan Opera House de Wallace K. Harrison, en el Lincoln Center. La analogía es apropiada dado el dramatismo del diseño, cuyo centro es una sala semicircular con un muro de vidrio que da hacia la alberca y a un piso de terrazo que estaba planeado como pista de baile.

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“Todo es un poco disparatado pero hermoso”, expresó Bullard sobre la casa. “Se supone que perteneció a Hugh Hefner en los años 70, después a Roger Moore, quien la decoró con fabulosos objetos de James Bond. Este lugar fue construido para relajarse y divertirse, así que para eso lo usamos”. Bullard conservó casi todo el proyecto de McNaughton, y sólo restauró los espacios de la vivienda que ya habían sido modificados. Con el fin de que resultara más cómodo para los visitantes, convirtió una cabaña de la alberca y lo que había sido un espléndido vestidor en cuartos de huéspedes adicionales. Bullard también transformó la antigua biblioteca en una lujosa sala de proyecciones bañada en laca de color verde esmeralda y amueblada con sofás Terrazza de la firma de Sede revestidos por Ultrasuede.

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“Durante las vacaciones, nos encerramos ahí con nuestra perra, Daisy, un montón de screeners y muchos dulces”, comentó el diseñador. Para los que no estén familiarizados con el vocabulario de Hollywood, los screeners son copias de las películas más recientes, las cuales son distribuidas por los estudios a los peces gordos y amigos de la industria al final de cada año, antes de la temporada de premiación.

Bullard describió el mobiliario como “una mezcla del swing de los años 60 y un toque del disco de los 70”. Esto se traduce en una serie de muebles de Vladimir Kagan, Willy Rizzo, Paul Evans, Milo Baughman, Angelo Mangiarotti, Karl Springer y Charles Hollis Jones, entre otros objetos de mobiliario groovy moderno. También hay algunas piezas más idiosincráticas, como los taburetes de Pierre Cardin en el bar y el enorme tapete de piel de cebra de la sala de estar (un regalo de la modelo Cheryl Tiegs, que alguna vez adornó la fábrica de Andy Warhol).

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Además de estos tesoros vintage, se aprecian papeles tapiz con motivos geométricos, techos cubiertos en plata de Mylar y azulejos encáusticos alrededor de la alberca. El toque final es una colección de arte moderno y contemporáneo que incluye estupendas fotografías —de Helmut Newton, Herb Ritts, Bert Stern, Miles Aldridge y Terry O’Neil, entre otros—, así como dibujos de Warhol, Jean-Michel Basquiat, Ellsworth Kelly, Richard Serra y Damien Hirst. El resultado es una mezcla nostálgica del viejo Hollywood, el glamour de Palm Springs y un ligero desenfreno.

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“El renacimiento de Palm Springs está en total efervescencia”, comentó Bullard refiriéndose a la apertura de una gran cantidad de hoteles, restaurantes y boutiques, y a los visitantes de todo el país que acuden para aprovechar las maravillosas vistas y el agradable clima (al menos en invierno). “Todo está ahí fuera para disfrutarlo. Si tan sólo tuviéramos la energía para abandonar nuestro delicioso oasis”.