Una villa muy ZEN en las Islas Marietas
Esta casa de vacaciones mezcla elementos clásicos con arquitectura y artesanías locales.
http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/mx/ad/1/s/2018/12/mexico_zen_7661_615x.jpg

Arquitectura: Manolo Mestre Noriega y Juan Collignon

Diseño de Interiores: Karen Collignon

Donde el Océano Pacífico se funde con el mar de Cortés se encuentra Punta Mita, en el punto más septentrional de la bahía de Banderas: arrecifes de coral, playas de arena blanca, un campo de golf frecuentado por millonarios estadounidenses y, en el horizonte, las Islas Marietas.

Puerto Vallarta está cerca, pero este pedazo de costa es casi virgen, y es justo aquí donde Manolo Mestre y Juan Collignon idearon, para una pareja con hijas ya grandes, una casa de vacaciones muy práctica, según el funcionalismo americano, pero también muy escenográfica y mexicana.

Sobre un terreno desierto, cuyo límite marino está trazado por una fila de manzanillas —o árboles de la muerte, llamados así a causa de sus frutos venenosos, que parecen pequeñas manzanas—, surgió una villa que interpreta en un sentido contemporáneo el espíritu local

http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/mx/ad/1/s/2018/12/mexico_zen_6129_1800x.jpg

Las referencias a la mitología azteca inician en seguida, una vez que se cruza la puerta de acceso: los muros de piedra abrazan, como una verdadera invitación a entrar, una fuente circular, cuya ornamentación está conformada por el símbolo del infinito y por el círculo azteca, que significa protección. “Yo quería una casa que comunicara un sentido de paz, en la cual, al entrar, se tuviera la sensación de estar comenzando un ritual de purificación”, explicó Manolo Mestre. “Ésta es una arquitectura en busca del alma”. Muy zen, y a la vez, muy mexicana.

La villa cuenta con dos albercas infinitas, la más pequeña rodea uno de los dormitorios, fue diseñada casi como su prolongación y está pensada para nadar de forma privada. Allí cerca, una barra de bar creada a partir de una vieja tabla de surf y una asador exterior con el suelo de arena, reiteran la inspiración vacacional de la casa.

http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/mx/ad/1/s/2018/12/mexico_zen_3124_1800x.jpg

También son evidentes las referencias a la arquitectura local, empezando por la palapa, que funge de estancia al aire libre, con grandes y cómodos asientos personalizados y lámparas suspendidas, trenzadas a mano por los artesanos que fabrican las trampas para pescar. También es artesanal la gran mesa de madera tropical para cenar frente al atardecer. 

Sobre las mesitas descansan objetos procedentes de otros estados mexicanos, como una máscara de tigre de Guerrero, platos de la típica cerámica verde de Tzintzuntzan o cojines bordados de Oaxaca.

En la entrada de la propiedad se extiende una doble fila de palmas frente a los muros color ocre, tonalidad obtenida mezclando los pigmentos con la cal, según la antigua técnica veneciana. Algunas paredes son de piedra, así como los pisos de los baños, realizados para proporcionar un masaje natural a los pies descalzos. Los tejados que recubren todos los pequeños edificios que conforman la casa, excepto la palapa, son típicos de zonas de montaña. Están separados, o mejor dicho, unidos a través de jardines, de modo que cada momento del día y de la noche la brisa del océano puede entrar en las estancias.

http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/mx/ad/1/s/2018/12/mexico_zen_9541_1800x.jpg

Los interiores, repartidos entre seis dormitorios, los servicios (la zona fitness está en los sótanos) y el área del comedor y la sala de estar fueron ideados por Karen, la hija de Juan Collignon, el arquitecto que colaboró en el proyecto junto con Manolo Mestre.

Los muebles son locales y sustentables, de maderas tropicales, como la mesa que, en la sala, imita un pedazo de árbol, o el famoso Ciempiés del diseñador Héctor Esrawe, las sillas de Pirwi o las lámparas de resina de Mónica Calderón.

En las estancias rige la regla de la practicidad: suelos de pasta de cemento, y algunos muebles étnicos (mexicanos pero también orientales) o de diseño local, como las mesitas de Debora Creel. Los sistemas de aire acondicionado están cubiertos por una jaula de madera y son casi una obra de arte, con el fin de amalgamarlos estéticamente con el entorno.

http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/mx/ad/1/s/2018/12/mexico_zen_1571_1800x.jpg

También se encuentra oculta la televisión, que sale de una caja de madera a los pies de la cama que recuerda los antiguos baúles de viaje. La esencialidad de la decoración se confirma con un antiguo tambor africano que funge de mesa de centro y con un simple tapete marroquí tejido a mano.

Nada, en ninguna parte de esta casa, distrae de la idea de fondo, es decir, que éste es sobre todo un lugar donde regenerarse, encontrar paz y admirar, desde las terrazas vidriadas, el azul del océano. Un lugar para el alma.