Raíces Ancestrales en la península de Yucatán
El diseñador francés Emmanuel Picault restauró esta hacienda en medio del bosque tropical.
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Al acceder a la hacienda de Xucu, a 40 km de Mérida, se respira pura joie de vivre. Inmersa en un exuberante bosque tropical en la península de Yucatán, esta propiedad deja al visitante sin aliento con su antigua y poderosa arquitectura.

“Pájaros azules, amarillos y verdes, árboles gigantescos y una larga carretera sucia y recta... Digamos que llegar a la hacienda toma algo de tiempo”. Para describir este lugar mágico está Emmanuel Picault, diseñador francés, quien vive en la Ciudad de México desde hace 15 años y dirige la galería Chic by Acci- dent, en la colonia Roma.

Prolífico en su trabajo, es famoso por tener una idea peculiar del gusto, el humor y la vida. Pero volvamos a la hacienda, en el bosque tropical. “Hace tres años visité la península de Yucatán”, continuó Emmanuel, cuya apariencia elegante y casual le hace justicia a su refinado sentido estético. “Después de 30 minutos atravesando la profunda selva maya, apareció la hacienda, como un espejismo”.

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Construida en 1830 por una familia española, la hacienda solía ser una granja. Un lugar que siempre estaba lleno de gente, ruidoso y animado”. Esta dinámica y esta realidad estaban destinadas a un declive lento e inexorable.

“La hacienda fue abandonada en la década de 1970, después de que la producción se detuvo en 1950. Desde entonces comenzó su lenta decadencia: ya nadie recuerda ese lugar”, expresó Emmanuel. “Cuando descubrí la hacienda, los propietarios estaban deseando venderla, así que les propuse una manera distinta de rescatarla.

Primero, quitando la vegetación que había crecido durante los años de abandono y que ahora invadía la propiedad, y después, haciendo dibujos y planos de todas las paredes, columnas y escaleras del lugar”. Y aquí estamos ahora. La hacienda ha renacido, y no mágicamente.

Emmanuel obtuvo total libertad y aprovechó esta emocionante oportunidad al máximo. “Comencé abriendo vistas y perspectivas por toda la hacienda, con la ayuda de mi equipo de trabajo”. Un plan ambicioso que le llevó a Emmanuel y sus colaboradores tres años de incesante trabajo. Hoy, este lugar ha recobrado su maestría, su capacidad de mantener la confrontación con una naturaleza fuerte y hermosa.

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Resulta difícil explicar cómo se construyó la “casa”, aunque quizás ésta es una definición reduccionista. Como explicó Emmanuel: “La galería tiene una arcada de 50 metros, y en su interior se encuentra la casa con sus nueve habitaciones, el cuarto de máquinas, el anexo y las bodegas. Luego está la capilla, pues los colonizadores españoles eran fervientes creyentes religiosos”.

La atmósfera puede definirse como “romántica, salvaje y poderosa”, pero también como “obra en proceso, libertad, piedra, musgo”. En la actualidad, la propiedad se usa para albergar los eventos del propietario, con la seguridad de que no desilusionará a ninguno de sus invitados.

“No tengo una habitación favorita, pero estoy enamorado de un lugar de la hacienda: en donde está la hamaca, colgada entre dos árboles”. El resultado, no hace falta decirlo, es tanto elegante como auténtico, sorprendente y moderno. “No me gusta pensar que éste es un lugar especial. Prefiero decir que es singular y libre”. Estas palabras describen mejor no sólo el alma de la hacienda, sino la manera en que Emmanuel trabaja y vive.