TIERRA de caballos
El campeón de polo, Nacho Figueras, construyó una casa de ensueño para sus galardonados caballos.
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Arquitectura: Juan Ignacio Ramos

Para un coleccionista serio, una casa debe funcionar también como galería, un lugar sagrado para exhibir sus pertenencias. Para el jugador profesional de polo, Ignacio “Nacho” Figueras (quien se encuentra entre los mejores jugadores del mundo), esta regla también aplica para los establos recién construidos en la ciudad de General Rodríguez, a 45 minutos de Buenos Aires. “Estos caballos son nuestra colección de arte”, comentó. Los establos albergan 44 caballos de polo de clase mundial —los cuales pueden alcanzar precios similares a las pinturas de los grandes maestros—, en una estructura contemporánea y comprometida con el medio ambiente. “Queríamos crear un lugar práctico e inspirador, como un museo de arte”. Más allá de este singular propósito, la construcción de Figueras es extraordinaria por su sentido del diseño moderno y su interacción con el entorno circundante.

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Con un techo cubierto de hierba, en el que los caballos pastan, la estructura de casi 12 mil metros cuadrados es prácticamente imperceptible a la vista. “Devolvimos a la tierra lo que habíamos tomado para realizar esta construcción”, expresó Figueras con orgullo, destacando que desde una toma aérea lo único visible son los caballos y la hierba. Una de las principales exportaciones de Argentina son los jugadores de polo. Buenos Aires cuenta con dos campos de este deporte y es sede del Argentina Open. “La Pampa es plana y cuenta con grandes extensiones de tierra; además, el clima nos permite jugar todo el año”. Figueras, quien es el capitán del equipo Black Watch Polo —patrocinado por Ralph Lauren— y modelo, así como el rostro de las fragancias de Polo, participa en diversos torneos alrededor del mundo. Pero siempre vuelve a Argentina para renovar energías. “Lo que más me gusta hacer es sentarme en el techo del establo al atardecer con mis amigos y una botella de vino”.

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Para la construcción de los establos, contrató al arquitecto argentino Juan Ignacio Ramos. Ellos se conocieron en un torneo, cuando Figueras tenía 20 años, y han sido amigos desde entonces. También trabajaron juntos en la vivienda de Figueras, en 2004, y han seguido colaborando. “La idea era realizar una secuencia de espacios hermosos”, explicó Ramos. “El hecho de que esté construido en concreto expuesto hace que el proceso de construcción sea muy delicado. Afortunadamente, contratamos a un constructor que se enamoró del proyecto y que estaba obsesionado con hacerlo todo a la perfección”. Figueras y Ramos se inspiraron en la obra de tres maestros: Mies van der Rohe, Luis Barragán y Tadao Ando, y emplearon, sobre todo, tres materiales: concreto, madera y hierro. Figueras adquirió la tierra para los establos en 2005, comenzó la construcción en 2013 y trasladó a los caballos tres años después. “Fue entonces cuando la obra estuvo lista. Ver las cabezas de los 44 caballos asomándose de los compartimientos fue un momento grandioso. Finalmente vimos nuestro sueño hecho realidad”. ¿De dónde sacó el número 44? Sencillo: “Hay cuatro jugadores en un equipo de polo, y cada uno necesita más o menos 10 caballos. Y luego, cuatro más, por si acaso”. Entre ellos, el establo de Figueras cuenta con las “Leyendas del polo americano”, los seis campeones que constituyen la base de su operación de crianza: Cría Yatay (criayatay.com).

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En total, Figueras posee más de 12 hectáreas y vive en una residencia cerca de ahí con su esposa, Delfina, y sus cuatro hijos: Hilario, de 17; Aurora, de 12; Artemio, de siete, y Alba, de cuatro. Delfina recordó cuando conoció a su marido en un partido de polo en Buenos Aires. “Estaba sentado en un estadio gigantesco y yo estaba subiendo las escaleras. Miré hacia arriba y vi dos grandes ojos fijos en mí. Después del partido lo vi platicando con mi prima y le dije que quería conocerlo. Ella me dijo que él le había dicho lo mismo sobre mí. Eso fue en diciembre de 1997. Y aquí estamos”. El espacio favorito de Figueras de los establos es el cuarto de los arreos, que está lleno de monturas, bridas, mazos de polo, botas, cascos trofeos y libros. Destacó que todo debe ser meticulosamente conservado porque por ahí podría hacer algunos futuros jugadores: “Hilario ya está jugando polo de manera profesional en Palm Beach”, comentó orgulloso. Y tenemos un hijo de siete años que quiere comenzar a jugar. Podríamos necesitar algunos establos más en cualquier momento”.