• Casas
  • Graham Wood
  • 14|07|2016
La casa blanca
Este espacio vacacional, totalmente blanco y sutentable, fue construido para celebrar las espectaculares vistas de los acantilados, desde las prístinas laderas de la bahía Plettenberg, en Sudáfrica.
http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/mx/ad/1/s/2016/26/casab4_1381_615x.jpg

Arquitectura: Christian Van Aswegen

Producción: Svev Alberding

Cuando se llega a esta casa horizontal al interior de la bahía Plettenberg, su mayor atractivo permanece invisible. Las espectaculares vistas del acantilado que la vivienda domina desde su rocoso promontorio, se han oscurecido deliberadamente. A medida que se cruza el prado que ondea con el viento para llegar a la casa, ésta forma una especie de pantalla. Todo ello es parte de lo que su arquitecto, Christian Van Aswegen, llama un “desdoblamiento de secuencias de espacios”, o “un tantra arquitectónico”, una meticulosa progresión coreográfica, que va avanzando al momento de acercarse a la construcción.

http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/mx/ad/1/s/2016/26/casab2_6381_615x.jpg

Desde el prado, se atraviesa por una alberca, y se desciende por una escalera hasta la terraza. “Después el entorno realmente desaparece, porque estás rodeado por las blancas paredes de la casa”, comentó Van Aswegen. “La idea era que hubiera una comprensión del espacio. Sólo una vez que se ha ingresado a la vivienda, es posible vislumbrar la vista que aparece detrás y, después, al avanzar hacia la terraza, el paisaje se va expandiendo, e impacta al visitante”.

La casa pertenece al inversionista sudafricano de origen británico Julian Treger, un conocido coleccionista de arte y diseño. “El paisaje tiene una caída de más de 300 metros y hay cuevas y aves debajo”, explicó Treger. “Algunas veces despiertas, y el nivel de las nubes está por debajo de la casa”, agregó Julian Treger. No hay otra construcción en el espacio que abarca la vista, y los fynbos (arbustos locales) cubren por capas los prados y los barrancos, los cuales se van desvaneciendo en las montañas de Tsitsikamma.

http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/mx/ad/1/s/2016/26/casab5_3532_546x.jpg

El sitio estaba ocupado solamente por una construcción incompleta, al momento en que Treger lo mostró a Van Aswegen. Llevaba abandonada más de una década. Julian Treger la describe como una “casa estudio cuadrada y de diseño tipo minimalista, de la década de 1970”. “Todo el lugar estaba rebasado y desbordado”, agregó Van Aswegen. Dada su posición, sin embargo, “resultaba natural construir sobre ella”, afirmó Julian Treger.

Van Aswegen concibió el diseño de la casa. “En vez de intentar luchar contra el lenguaje que ya se había establecido, tratamos de destacar sus cualidades”, comentó. “Trazamos un rectángulo en la casa, utilizando el frente de la estructura preexistente y, de ahí, partimos hacia el acantilado”, explicó Aswegen. “Después, dividimos el rectángulo en una serie de patios”.

http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/mx/ad/1/s/2016/26/casab3_8107_546x.jpg

Es admirable la contención intencional de la llegada. En cuanto al resto de la construcción, éste parece casi desaparecer, o servir de telón de fondo neutro para realzar las vistas. “La construcción en sí misma no demanda atención”, expresó Van Aswegen. “Al contrario, la lleva al exterior”. Su apariencia lineal y monolítica retoma esta característica de la ruina original, pero con un estilo que otorga una “forma simple y fuerte, y luz natural”. Los espacios están unificados en un acabado blanco, y los pisos de pizarra crean cohesión y continuidad en interiores y exteriores. “Por un lado, crea un fondo simple y elegante para la colección de Treger y, por otro, permite que la arquitectura desaparezca, para que el entorno sea protagonista. La mirada se dirige hacia el cielo y hacia el horizonte”, comentó Van Aswegen. Julian Treger coincide con Aswegen en que el sitio cuenta con una cualidad muy espiritual.