• Casas
  • Miguel Sada
  • 09|12|2015
Capturar la pureza del entorno
Un refugio en la Sierra Madre ­—honesto, transparente y humano— dedicado a la contemplación de la naturaleza.
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Arquitectura: G​reenfield - Kenji López

El majestuoso Parque Nacional Maderas del Carmen, al norte de Coahuila, resguarda una reserva silvestre que conjuga la pasión por la conservación de la fauna y el placer de disfrutar la naturaleza a través de la arquitectura. Bajo la ideología del pionero del arte moderno rumano, Constantin Brâncuși: “La simplicidad es la complejidad resuelta”, el taller de arquitectura mexicano Greenfield, con Kenji López al mando, concibió La Cueva en Pilares. Dentro de una reserva ecológica de 40 mil hectáreas dedicadas a la conservación de especies en peligro de extinción y a la proliferación de algunas que ya habían desaparecido en México, surgió La Cueva, un proyecto arquitectónico que nació con la idea de crear un espacio neutro de convivencia y contemplación, con una fuerte relación con la vida salvaje de una zona donde el indio americano, el venado, el oso negro, el borrego cimarrón y el antílope transitan libremente, como si allí el tiempo siguiera sus propias reglas.
 

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“En las primeras visitas al sitio entendimos el gran valor y la energía que posee. Supimos inmediatamente que ningún edificio debía competir con la majestuosidad de la Sierra Madre y decidimos que las montañas serían la fachada principal del proyecto, por lo que los espacios se diseñaron y orientaron para enmarcar el panorama y para hacer sentir al usuario la escala de la reserva natural”, comentó Kenji. Asimismo, aprovecharon un desnivel natural del terreno para enterrar parcialmente el edificio y que éste fuera casi invisible en el paisaje. En la obra aprovecharon al máximo milenios de conocimiento de la arquitectura vernácula, y consiguieron una edificación que responde directamente al sitio donde se emplaza, con volúmenes básicos que se levantan con materiales de la región, obteniendo del paisaje sus colores y texturas.

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El refugio de contemplación cuenta con dos terrazas exteriores con vista hacia los picos más altos de la montaña. Al interior, el programa incluye un gran comedor-sala de juntas, una estancia, un desayunador, medio baño, una cava, una cocineta y un espacio semitechado para asadores. “Al transitar por La Cueva se percibe un sentimiento completamente introspectivo”. Los patrones de los muros de tierra repiten las vetas de las madera de sabino en bruto y se asemejan a las montañas, que poseen la misma gama de colores de los muros de piedra que recolectaron en un arroyo cercano. Para su construcción, aprovecharon como guía los criterios de la certificación LEED. “El proyecto buscó aprovechar todos los recursos disponibles para reducir el impacto ambiental y maximizar el valor humano para los usuarios”.

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Son escasas las obras arquitectónicas que se enclavan en sitios protegidos y que cuentan con una interacción tan natural con las especies regionales. En La Cueva en Pilares, Kenji López y su equipo de diseño lograron insertar un proyecto con valores contemporáneos, que a la vez respeta el pasado y promueve el futuro de la región.