• Casas
  • Norma Rodríguez
  • 05|11|2014
Aires toscanos
Enclavada en una zona boscosa de la Ciudad de México esta residencia posee el carácter de una típica villa italiana.
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Sólo unas bisagras de 50 centímetros, traídas de la India, pueden soportar la carga del portón de cuatro metros de altura por 12 de ancho que se abre ante los visitantes. Una impresionante pieza de acero y mezquite reposa debajo de la monumental marquesina resultante de un techo volado de casi seis metros, que es apenas un indicio de la exuberancia que alberga en su interior. Así es la entrada a una casa de dimensiones de gran formato, en la que no se escatimó en ningún detalle. Para sus dueños se trata de “ese capricho que no todos pueden darse en la vida”, y para el arquitecto Jorge Conde, su creador, es uno de los proyectos más complejos y valiosos en su carrera profesional.

La morada se erige en un terreno de aproximadamente cinco mil metros cuadrados rodeados de un frondoso bosque. La excelente orientación y las vistas fueron aprovechadas por medio de una doble altura y ventanales que integran el interior con el paisaje. Su estructura es lineal y bien definida, en la que se distinguen claramente los tres diferentes bloques que la conforman: la torre de recepción o social ubicada en un hall de más de siete metros de altura, el área privada y el ala de servicio.

Al llegar al pasillo principal nos recibe una escultura de bronce de Juan Soriano, un pájaro con las alas abiertas, y al fondo se observa otra escultura en acero con acabado oxidado de la artista mexicana Yvonne Domenge.

El estilo de esta residencia es una mezcla entre lo mexicano contemporáneo con toques italianos que rememoran las villas en la región central de la bella Italia. Se aprecia un ambiente un tanto rústico y campirano pero con una elegancia y sofisticación únicas, logrado en gran medida por cuatro materiales: la cantera clara con la que se revistieron las fachadas, las columnas y los marcos de las ventanas; la cantera de recuperación traída de San Luis Potosí con la que se da un toque antiguo; un mármol en tonos muy claros traído de Egipto para el área social, y las duelas de Tzalam en los pisos, puertas, clósets y libreros. Lo anterior ayuda a otorgar calidez, junto con una paleta cromática que capta todas las variantes del hueso a un amarillo claro con toques anaranjados, al igual que los techos de vigas de oyamel como estructura de carga. La sala y el comedor son espacios agradables gracias a su doble altura, luminosidad, transparencia y a la chimenea que los separa, que es una obra escultórica concebida a base de cantera Riviera beige y cuerpo de mármol avejentado.

El área de la alberca techada incluye zona de comida, sala de relajación y terraza. El piso y los muros están cubiertos con cantera traída de Puebla, y el plafón está forrado en mármol Travertino. La persiana es de madera de Tzalam y la piscina es de azulejo bizantino blanco.

Finalmente, la mayoría del mobiliario pertenece a marcas internacionales como Minotti, Promemoria y Holly Hunt, y se mezcla con diseños de Conde Arquitectos, fabricados con ebanistas, herreros y carpinteros mexicanos.

Piezas de arte de Juan Soriano, Rivelino y Gustavo Aceves, entre otros, así como la excelente puesta en escena interior que realizó el arquitecto Jorge Conde, son muestra de una moradad perfecta con carácter, personalidad y mucha vida.