• Casas
  • María Elena Espinosa
  • 19|08|2014
Idilio en Los Cabos
Un refugio para sumergirse en el diseño de la interiorista Adriana Hoyos.
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La creatividad es un don del intelecto que se nutre de la energía que nos proporcionan los sentidos, y el color es  un detonante que transforma el modo de entender la belleza. Por ello, la combinación de diversas tonalidades es un juego que necesita un experto dotado de sensibilidad y gusto exigente, y quién mejor que la interiorista Adriana Hoyos para crear un perfecto equilibrio de contrastes para concebir ambientes vanguardistas tanto sobrios como cálidos. 

Esta residencia, ubicada en Santa Carmela, una de las zonas más lujosas de Cabo San Lucas, surgió como un rompecabezas, ya que debía integrar cada elemento (texturas, iluminación, arte y mobiliario) como protagonista de cada espacio. “El balance se logró gracias a la selección y ubicación de cada una de las piezas en el sitio adecuado, de esta manera se concibió una armonía excepcional con la vista al mar y con la distribución de los espacios. Por su parte, la decoración fluyó alrededor de todas las áreas, ya que teníamos definido el estilo y las gamas de colores, así como de los materiales que usamos”.

Desde el acceso, es evidente una distribución perfecta de espacios en donde cada uno adquiere cierto protagonismo y se crean contrastes refinados bajo un mismo ambiente. En el vestíbulo destaca una escultura diseñada por Adriana Hoyos en metal y vidrio, creada como tributo a la mujer latinoamericana. La sala es un mirador pacífico hacia el Mar de Cortés, armonizado por una paleta orgánica acompañada de tonalidades cafés, textiles en diseño animal y acentos en rojo. Además, en el techo que presume detalles de carpintería artesanal, cuelga la icónica lámpara Caviar de Laura Kirar.

El aspecto más acogedor se cumple en la terraza, en donde Adriana combinó diferentes texturas que invitan a la  comodidad. Las cortinas en tonos arena brindan frescura y movimiento al ambiente de la alberca.

Finalmente, la habitación principal destaca por su ligereza visual. Podría decirse que está concebida a partir de una simbología de “perfección musical”, que cada muro representa una nota del pentagrama y el conjunto va con el paso del sol logrando diversos juegos de sombras.