• Casas
  • Ana Quiroz
  • 07|07|2015
Guardián de historias
Dueño de un estilo muy personal, el arquitecto Enrique Leguía conserva una casona de los años 20 en Lima, Perú.
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Fragmentos de una vida emocionante y con historia se pueden ir recopilando cuando se camina en la casa del arquitecto Enrique Leguía, nieto del ex presidente peruano Augusto Leguía. Es una construcción antigua, de la década de 1920, y está situada a un costado de lo que Enrique llamaba la Casa Grande, que es donde vivió su niñez con sus padres y abuelos, en la avenida Arequipa que es una de las principales vías de Lima, capital del Perú. En su recorrido de 52 cuadras -—de norte a sur— partiendo desde el barrio de Santa Beatriz une los distritos de Lince, San Isidro y Miraflores. Asimismo, en la parte central de la avenida se ubica una ciclovía.

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Se trata de un construcción que conserva la arquitectura original y que presume un bajo perfil desde la calle; es desde el jardín donde se puede apreciar el cuidado que ha tenido el arquitecto Leguía por conservar cada detalle de diseño de la casona. Desde las puertas de herrería hasta las cornisas y pisos de la residencia, todo original y con un trabajo arduo de restauración. “Para mí el arte es una aventura que expresa el pensamiento de una época, y mi casa resguarda piezas de distintos períodos y lugares, hay muchas preguntas para cada objeto y cada uno tiene una historia particular. Me gusta atesorar y crear piezas que significan algo para mí, como el homenaje que hago con telas y fotografías para mi abuela, se trata de una pequeña instalación que responde al amor que guardo por mis ancestros; soy un vicioso de mi trabajo, lo mismo estoy pintando un cuadro hoy que visitando una obra o esculpiendo un cerro que mira al mar y las montañas. Así es mi vida, una constante de creación”, comentó Enrique al tiempo que nos muestra cada espacio de su casa. Donde se detiene para explicarnos que aún conserva vestigios de lo que fue la Casa Grande del ex presidente Leguía y que logró rescatar de cuando fue demolida y que posa en la entrada de su sala como homenaje a una arquitectura barroca que colmó las calles de Lima a principios del siglo pasado.

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“Cuando adquirí esta casa estaba en un estado lamentable, era una ruina. Hubo que poner tiempo y mucho amor para recuperar cada espacio, pero creo que se logró algo muy destacable”, Enrique Leguía. La arquitectura tiene que funcionar antes que todo, y estar adecuada a las necesidades actuales, y cuando se trata de un espacio tan antiguo y que se quiere respetar es necesario darle un tratamiento como de museo, pues hay que tener cuidado con cada pieza, es por ello que en el patio trasero el arquitecto creó una construcción contemporánea para dar cabida a su taller de arquitectura y así respetar la casona en su totalidad, y aunque vive dentro de la casa, la mayor parte de su día está en el taller. “Me gusta abrir mi casa para fiestas, que mis amigos la recorran y me pregunten el por qué de cada pieza, me alimenta recordar historias de mis viajes y aunque me reservo un poco más la segunda planta, pues es el área dedicado a las recamaras, también hay algo que contar, ya que el mobiliario es muy antiguo y tiene mucho carácter. Mi casa no nació por casualidad, ha sido creada recuperando la intensidad de una vida, de mi historia y de mis antepasados que aún siguen presentes en este pequeño espacio que he hecho completamente mío”, Enrique Leguía.