• Casas
  • Karine Monié
  • 15|09|2015
Capricho de verano
Este proyecto de mil 200 metros cuadrados se sitúa en una bahía encantadora, en la costa de Michoacán.
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Arquitectura: CDM arquitectos (Javier Dueñas Estrada, Álvaro González Guerra Gómez)
Diseño de Interiores: MUMO (Kenya Rodríguez y Karla Vázquez)
Paisajismo: Juan Carlos PÉrez Trejo
Iluminación: Artenluz (Javier Ten)

Desde hace más de 20 años, la familia de cuatro hijos que hoy es dueña de esta vivienda disfrutaba con frecuencia esta idílica región mexicana. Adquirir una propiedad aquí y concebirla conforme a sus gustos era un sueño. Con su equipo, Javier Dueñas Estrada y Álvaro González Guerra Gómez —de CDM arquitectos— hicieron todo lo posible para que se volviera una realidad.

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En un terreno con seis metros de desnivel y una forma trapezoidal —cuyo lado más angosto es de siete metros y el más ancho de 25.5 metros)—, la casa está dividida en ocho secciones. El nivel cero alberga las bodegas de pesca, las recámaras de servicio y las máquinas; el primero, la alberca y el bar, así como el comedor abierto; el segundo, la palapa principal que une los niveles uno, dos y tres; el tercero, la palapa comedor, el bar, las cocinas exterior e interior, la sala de televisión y de juegos, así como una recámara de invitados; el cuarto, la habitación de los niños; el quinto, la de las niñas y otra de huéspedes; el sexto, la recámara principal y el último cuarto de invitados, y el séptimo, el gimnasio y la sala de masajes.

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Todas las áreas sociales de la vivienda se organizan alrededor de la palapa principal, de geometría oval, y el proyecto se divide en dos volúmenes para separar la casa familiar y los espacios dedicados a los invitados. Como lo explicó el arquitecto Javier Dueñas Estrada, se trató de “desarrollar un lenguaje y un sentido espacial con referencias a esta región costera de México”. El entorno natural y el hecho de estar a la orilla del mar impactaron tanto la arquitectura como el diseño interior. Los dos desprenden frescura visual y resultan en un ambiente relajado y acogedor. Tanto las tonalidades de los muebles como de los materiales —piedra, mármol y madera— son suaves.

Se buscó crear conexiones con la piscina y la playa, así como con el morro, una isla de la bahía hacia la cual está dirigida la casa. Dependiendo de la hora, los moradores pueden tomar el sol o protegerse en la sombra. Los espacios privados se descubren poco a poco, por medio de desniveles y recorridos casi laberínticos. Después de una pequeña caminata en el jardín, entre las palmeras y las rocas, se accede al mar, que es, sin duda, el protagonista de la vivienda.

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Después de 15 años de experiencia, y con proyectos llevados a cabo por sus oficinas en la Ciudad de México, Guadalajara, Panamá y San Antonio, en Estados Unidos, los miembros de CDM Arquitectos siguen siendo fieles a su filosofía: “Nuestra meta principal es lograr que nuestros clientes vivan en un espacio con el que puedan identificarse, que proyecte su estilo de vida y que cumpla con los requerimientos de una óptima calidad de vida. Buscamos crear ‘experiencias habitables’ a través de espacios que evocan el espíritu de quien los ocupa, convirtiendo su hogar en lo que deben ser todos los hogares: la extensión de uno mismo”.

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