• Casas
  • Livio Gerber
  • 11|11|2014
Estética moderna
Visitamos la nueva casa en Manhattan del diseñador polifacético y visionario Karim Rashid.
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Su nueva casa en Nueva York es el reflejo de un mundo más allá de las convenciones y la conformidad. Es simplemente una cátedra de lo cool.

Después de ser dueño de dos lofts en Chelsea, Nueva York, en enero de 2013 Rashid se mudó a este departamento recién construido en varios niveles, el cual se encuentra detrás de su estudio de diseño en el distrito de Hell’s Kitchen, en Manhattan. Karim Rashid, nacido en Egipto en 1960, vive con su esposa Ivana, de nacionalidad serbia —ingeniera química y científica de L’Oréal—, su hija Kiva, de un año, y su perro Kiki.

La transformación de lo cotidiano en fantástico ha definido la carrera de Karim Rashid, la cual comenzó a la edad de cinco años, gracias a que heredó de su padre el buen ojo para el diseño. “Él me enseñó que podía diseñar lo que fuera y tocar todos los aspectos de nuestro paisaje físico”. Tras graduarse en Diseño Industrial por la Universidad de Carleton, Ottawa, continuó sus estudios en Italia con Ettore Sottsass y Rodolfo Benetto, entre otros. La prolífica producción de Rashid, que incluye más de tres mil piezas, casi llega a ser hiperbólica. Karim Rashid Inc., su despacho basado en Nueva York, ha producido cientos de objetos, tales como frascos de perfume para Issey Miyake, floreros y bowls para Christofle, y artículos de alta tecnología para Samsung. Karim se refiere a su trabajo, definido por curvas sensuales y colores brillantes, con el término de “minimalismo sensual”, en el que cada objeto conjuga una geometría orgánica y pura con la tecnología y los materiales que emplea. Ha dejado su sello auténtico en un hotel en Berlín, un restaurante en Philadelphia y una estación del metro de Nápoles, en Italia, así como en proyectos para Prada y Giorgio Armani, entre otros.

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“Visitamos más de 100 departamentos antes de encontrar éste. Ivana y yo entramos a esta casa recién construida y lo supimos de inmediato: ‘Este es nuestro nuevo hogar’”. El inmueble está conformado por tres niveles, y la planta principal cuenta con techos de 3.8 metros de altura y una cocina abierta con abundante luz natural. Karim e Ivana conocían a los arquitectos Smith-Miller + Hawkinson, quienes fueron los responsables de la arquitectura de toda la vivienda. La pareja confiaba en que los acabados serían de la mejor calidad y estuvo satisfecha con el resultado. De cualquier modo, Rashid tuvo la oportunidad de ponerle su sello particular a ciertas cosas. La casa tiene una entrada privada en la planta baja, un patio trasero y acceso directo al estacionamiento. También está conectada a la oficina de Karim a través de la entrada del condominio.

Antes de mudarse, Karim se sentó con Ivana y le pidió que eligiera todo el mobiliario que estaba en el antiguo loft y en bodegas. “Tenemos un gusto muy similar y coincidimos en que la belleza, la comodidad y la innovación deben coexistir en nuestra nueva residencia”.

Su pasión es diseñar para la gente y hacer una diferencia en la sociedad. Él cree que “el diseño se trata del mejoramiento de nuestras vidas desde una perspectiva poética, estética, experimental y emocional”. Sus muebles, que le han valido al diseñador grandes ovaciones y la oportunidad de pertenecer a las colecciones permanentes de diversos museos, ostentan formas futuristas y parecen invitar al usuario a sumergirse en un mundo estridente y casi fantástico. Y es ahí donde entra el rosa. “Alguien dijo alguna vez que yo volvía femeninas las formas masculinas”, comentó Rashid sobre su paleta de color favorita. “El rosa es un blanco súper optimista. Hay tantas variantes y tonos de rosa para cada humor y para cada persona”. Hace más de una década, el creativo —quien difícilmente se perdería en las calles de Nueva York con su 1.92 de estatura—, se deshizo de un guardarropa en el que dominaba el negro. Desde entonces, lo ha dedicado exclusivamente a una paleta de rosa combinada con el blanco. “Es energético, atractivo, y un antídoto contra el mundo masculino que domina nuestro paisaje visual”.

El mismo rechazo hacia lo convencional aplica al nuevo departamento. “No hubo tiempo para hacer nada más que cambios superficiales. Puse un espejo color limón detrás de los muebles de la cocina, pinté un muro con mi distintivo color rosa y cambié el piso de roble por uno blanco”. El efecto —una habitación llena de luz sensual— preparó el escenario para su rica colección: el mobiliario del propio diseñador y sus esculturas favoritas del colectivo de Memphis de la década de 1980. “Cuando estudiaba en Italia, Ettore Sottsass me enseñó a no ser demasiado artista para ser un buen diseñador. Conservo sus jarrones y algunas obras de Memphis a mi alrededor para recordarlo. Observarlos me provoca una gran alegría y me conduce a crear objetos que, de igual modo, llevarán alegría a alguien más”.

Karim eliminó del piso superior una habitación y dos baños para convertirlos en otro vestidor. Para él, elmust have más importante en un hogar es una cama que te encante. “A través de todos mis viajes, me he acostumbrado a estar en la cama para trabajar, bosquejar, navegar en internet, comer, dormir, ver televisión y hacer el amor. El colchón está hecho de soya orgánica de la más alta calidad para conseguir un sueño perfecto de ocho horas. Si duermo este tiempo puedo lograr lo que sea”.

Viniendo de un loft en Chelsea, el espacio exterior era todo un mundo nuevo para Karim e Ivana. No se trata de la vista, eso no es lo importante. Aquí tenemos una gran perspectiva, así que puse el mural en la pared y he comenzado a plantar flores en macetas. El tiempo ha cambiado. Karim disfruta ahora de los discretos placeres de sentarse en la terraza con una taza de café y jugar con su hija, Kiva.