• Casas
  • Ana Quiroz
  • 19|10|2015
Poesía arquitectónica
Esta residencia resguarda los sueños de una familia que deseaba un espacio para compartir largos días soleados.
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Arquitectura y diseño interior: Luciano Gerbilsky / RED Group

Nada más refrescante que una casa de arquitectura franca en medio del bosque, un diseño que privilegia el confort y el libre tránsito. La sensación de libertad y de respirar aire fresco es permanente en cada rincón de la residencia proyectada por el arquitecto Luciano Gerbilsky en Valle de Bravo. Se trata de una zona muy apreciada por las personas que viven en la Ciudad de México, pues representa un lugar idílico con abundante vegetación y vistas extraordinarias del lago. Por su cercanía con la ciudad, resulta estratégicamente perfecto para casas de descanso, y es aquí en donde una pareja con tres hijos buscó establecer su refugio de fines de semana. El primer paso fue adquirir el terreno ideal, un lote privilegiado, y después buscar al arquitecto que pudiera integrar la edificación con el entorno, ya que la familia no buscaba una estructura ostentosa, sino una obra fina que les hiciera sentir paz con sólo mirarla, así que se decidieron por la propuesta de Luciano Gerbilsky.

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El lenguaje arquitectónico, creado a partir de una serie de capas de diferentes materiales, hace que el proyecto se diluya en el paisaje. De esta forma, los elementos más duros, como la piedra volcánica o el cemento, se suavizan con las capas más externas en forma de celosías de madera. Estas últimas están hechas a partir de durmientes de tren reciclados y envuelven una serie de patios y terrazas exteriores que rodean la casa. Funcionan, además, como extensión de espacios de servicio evitando las ventanas directas al exterior. Los tonos oscuros y una paleta cromática neutra acentúa la integración de la estructura arquitectónica con el paisaje. La composición es muy clara, ya que son dos volúmenes principales —uno de cubierta plana y otro con techo inclinado—, que de inmediato generan relaciones muy diversas entre el interior y el exterior. Bajo la cubierta inclinada, que nos ofrece una sensación de dramatismo, se encuentra el área social de la casa. La cubierta plana, por su parte, más recogida, sirve para albergar la zona privada y aislarla de los espacios comunes.

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En el interior nos encontramos con un ambiente de doble altura bajo la cubierta inclinada, en los mismos tonos neutros y oscuros que el exterior. Se trata de una estancia ideal para sentirse cómodo y protegido que contrasta con el paisaje. Esta área social, en la que predominan la piedra y la madera, se abre a uno de los espacios más significativos del proyecto: un deck exterior techado que alberga otro salón, un comedor y un asador. A un costado, ya completamente al descubierto, se localizan la alberca y el jacuzzi. De este modo, el interior de la vivienda se convierte en el preámbulo de un gran espacio social que vincula la terraza exterior con el paisaje típico de montaña de Valle de Bravo.