• Casas
  • David Solís
  • 11|05|2014
Dulce espíritu en Bocas del Toro, Panamá
Sweet Bocas es una residencia única e individual eleva el arte del hospedaje en cada una de sus habitaciones.
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Se ha convertido en una tarea para sibaritas especializados encontrar un pedacito de paraíso sobre el plano terrenal, labor que cada día es más difícil, pues los criterios se han elevado al grado de tener que definir lo que significa belleza natural y comodidad. La experiencia que se convierte en el concepto más preciado de una estadía temporal, cuando el tiempo transcurrido en un espacio se vuelve memorable y los recuerdos se atesoran, es que se ha cumplido el cometido de los anfitriones de Sweet Bocas.

Esta es una casa de poco más de seis mil metros cuadrados de construcción, que ha sido proyectada sobre el mar del Caribe panameño. Su estructura, completamente de madera, toma como cimientos 100 pilotes de concreto, sobre los que se ha diseñado un espacio sensorial que alberga seis amplias habitaciones con vistas espectaculares al mar. El concepto boat house fue retomado por la diseñadora y ahora gerente general de Sweet Bocas, Annick Belanger. Ella se enamoró de una pequeña isla cerca de Bocas del Toro. Para llegar ahí se debe tomar un vuelo de 40 minutos desde la Ciudad de Panamá.

Ahí, frente a un turquesa calmo que permite ver el fondo del mar, se ubica la isla de Sweet Bocas, la cual se ha convertido en un desarrollo sostenible, que poco a poco ha recreado la fauna y la vegetación que existió en algún momento y que se perdió por la presencia humana. El trabajo de permacultura que emprende Bruce, un especialista en biosistemas sustentables, ha permitido que parte de los vegetales que se consumen en la casa sean de origen local. Además, la isla es poseedora de una gran cantidad de especies en peligro de extinción, en ella se ha procurado la regeneración de los manglares que la rodean y, con ellos, la fauna marina ha recuperado esos espacios.

A cien metros de distancia de la isla se encuentra la casa, a la que se tiene acceso por un puente de madera de teca panameña, que al igual que la del resto de la casa fue extraída de una isla cercana, en donde los arboles han crecido de manera sustentable los últimos 50 años.

La residencia es una interpretación de hotel boutique, en donde la atención al detalle y el enfoque en la realidad del destino es la fuerza impulsora, junto con un firme compromiso con el medio ambiente. Los detalles de diseño están presentes en cada una de las seis habitaciones que se encuentran en la planta alta. En todo momento existe una presencia artesanal, tanto en telas como en el mobiliario, gran parte del cual se importó de África. Sweet Bocas no es un hotel, es una residencia que se renta por semana y que se reserva el derecho de admisión, pues sólo quienes manifiesten un gusto por el buen diseño y el cuidado del medio ambiente pueden aspirar a vivir esta experiencia.

Estas imágenes son una pequeña probadita de lo que es este lugar y, después de conocer Sweet Bocas, no quisiera irme de este mundo sin regresar, para tener la oportunidad de tocar, ver y disfrutar todos los objetos y paisajes que acamparon a mi alrededor.