• Casas
  • Karine Monié
  • 09|04|2015
Frescura visual
Esta vivienda, situada a 80 kilómetros al norte de Valencia, destaca por su funcionalidad y alegre vibra.
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La singularidad de Daniel Pérez y Felipe Araujo se revela desde el nombre que eligieron para su despacho: “Egue y Seta hace referencia a limitaciones muy propias de dicción de cada uno de nosotros: Daniel pronuncia la ‘r’ de una forma peculiar desde pequeño. Y yo, por mi parte, me rehúso a pronunciar la ‘z’ porque siento que hago una mala imitación de los españoles”, confesó Felipe, originario de Venezuela. Los dos encabezan hoy un estudio que cuenta con oficinas en Madrid y Barcelona, así como un partner en Tokio —la inmobiliaria y.Levin—, con quien desarrollan proyectos en Japón. 

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Energía, dinamismo y eficacia dan el impulso a cada uno de sus proyectos, como esta vivienda de más de 370 metros cuadrados ubicada en la ciudad costera española de Benicàssim. Aquí, los miembros de Egue y Seta no partieron desde cero, ya que se trató de una renovación integral de diseño e interiorismo. 

El jardín —que cuenta con una piscina y una terraza— se volvió un “cinturón verde” que puede disfrutarse también desde los espacios interiores, gracias a la vista que ofrecen las ventanas de gran formato. 

El efecto de amplitud, la conexión visual de todas las áreas y la circulación entre ellas —conforme al concepto en boga de loft— fueron tres de los enfoques seguidos en el marco de este proyecto. “El resultado va más allá de garantizar las dimensiones mínimas para la vida. En este caso, se trató de provocar una sensación de bienestar espacial y de confort visual que está más relacionada con la integración, la versatilidad y la libertad de movimiento que con los centímetros”, expresaron los creativos Daniel Pérez y Felipe Araujo. 

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El comedor ocupa lo que antes fuera una antigua terraza, ahora cubierta y rodeada de ventanales, mientras que la cocina se integra al resto del espacio. Los pavimentos, revestimientos de paredes y las alturas de los techos sirven como delimitación visual. Por ejemplo, en la sala, las paredes están cubiertas de madera, lo que da una sensación acogedora. En cuanto al suelo de hormigón y al techo gris, éstos contribuyen a definir los límites del espacio y a crear un contraste notorio. 

Según los profesionales de Egue y Seta, el objetivo era moverse de una estancia a otra “sin apenas percibirlo, y acceder a las comodidades que cada una ofrece de forma simultánea. Dichos recorridos cortos, automáticos e inconscientes se realizan alrededor de un pequeño jardín interno, que es el vértice circulatorio de la casa y articula toda la planta baja”. Los pisos superiores albergan las habitaciones y otro jardín interior que no sólo es el eje de la circulación sino también un elemento decorativo. 

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A través de toda la vivienda se buscó crear “puentes y transiciones visuales entre ámbitos espaciales”, según las palabras de Daniel Pérez y Felipe Araujo. “A nivel estilístico, lo industrial y lo tradicional, lo contemporáneo y lo vernáculo dialogan armónicamente en la casa, discurriendo de forma continua a ratos y haciendo las pausas necesarias para evitar la cacofonía o el ruido”.