• Casas
  • Norma Rodríguez
  • 02|12|2014
La casa del bosque
Enclavada en un bosque con vistas de 360 grados al Valle de México, Casa Alta redefine los convencionalismos al estar compuesta por un sólo módulo de seis por seis metros.
http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/201449/la_casa_del_bosque_1_7685_615x.jpg

Casa Alta o la casa observatorio, como algunos la llaman, se integra al agreste terreno donde fue construida y a la vegetación que la rodea, observándolo todo como un mudo testigo de lo que ocurre en las faldas de la montaña. Se trata de un monolito insertado en una topografía accidentada con estructura de un sólo módulo de seis por seis metros dividido en tres niveles y un roof deck. Sus muros estructurales son de concreto aparente y dejan espacio para discretas entradas de luz y vistas dirigidas al valle que se encuentra a sus pies.

La edificación se planteó como un apilamiento estructural que despliega distintos niveles en el predio destinados a actividades específicas cada uno. De este modo, la casa funciona como un bloque vertical que se organiza mediante una escalera, la cual conecta las diferentes estancias. En la planta baja se encuentran las áreas de servicio, la cocina y el comedor, mientras que el primer piso fue destinado a la sala. El segundo nivel, por su parte, alberga la recámara y el baño, integrados a una terraza.

http://cdn.admexico.mx/uploads/images/thumbs/201449/la_casa_del_bosque_2_4274_615x.jpg

El interior es sobrio y bien iluminado y los acabados están basados en una paleta de blancos y negros. Asimismo, se empleó madera natural de color grisáceo para la fabricación de la cocina. Cubiertas desilestone color negro contrastan con la monocromía de la casa. Por otro lado, se reutilizó la madera de cimbras y colados para recubrir una de las paredes del nivel intermedio en la zona de la sala.

Los muebles en laca semibrillante blanca, diseñados por los arquitectos, se fusionan con los muros de la casa. En el comedor destaca una banca y, en el lado opuesto, tres sillas negras. El candil de la marca canadiense Bocci se convierte en protagonista del espacio, pues se percibe desde el exterior, y la luz juega en los dos niveles de la casa. Por otro lado, las salas de baño fueron recubiertas en un acabado café-plateado, y la regadera en una textura a rayas blancas junto con una marimba de madera de cumarú.

La escalera, hecha con alfardas y charolas metálicas, le otorga ligereza a la vivienda y permite el paso de la luz en los tres niveles. Las charolas o huellas fueron recubiertas con la misma madera que el piso, logrando homogeneidad en todos los acabados.