• Casas
  • María Elena Espinosa
  • 10|11|2014
La osadía del diseño
Espacios cosmopolitas con arte y mobiliario de diferentes latitudes lograron un departamento confortable, atrevido y con clase.
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En Architectural Digest hemos sido testigos del complicado proceso al que se han enfrentado reconocidos arquitectos al concebir proyectos con factores que limitan su libertad creativa. En muchas ocasiones la forma y la ubicación del terreno definen la estructura de un proyecto arquitectónico. No obstante, para experimentados como Gerardo García, esto —más que representar un límite— se convierte en un reto fascinante. “Cada proyecto residencial es distinto, no hay un programa determinado para ninguna obra porque cada una se desarrolla de acuerdo con las necesidades específicas de cada cliente. Este departamento posee una estructura complicada porque está en un edificio con forma de abanico, en donde las dos fachadas principales son curvas. La principal tiene un radio mucho más grande que el de la fachada posterior. Aunque a primera vista da la impresión de no ofrecer mayor oportunidad de trabajo creativo, conforme vamos haciendo diferentes ejercicios y los clientes van aportando sus ideas y necesidades, nos damos cuenta de que sí hay varias alternativas y formas de llegar a una sinergia”.

Ubicada en una de las zonas más lujosas de la Ciudad de México, en 370 metros cuadrados Gerardo García logró una residencia que corresponde puntualmente a su modelo ideal: un departamento moderno, espacioso, elegante y franco, donde se garantiza la comodidad. La meta del despacho fue crear una obra dinámica que reflejara la personalidad de sus moradores. “Mis clientes son una pareja joven sin hijos, con una vida social muy importante, por lo que requerían un área de buenas dimensiones para recibir invitados”. El programa principal de este departamento corría a partir de áreas sociales bien diseñadas con espacios confortables, un comedor, una sala grande y un área de bar como protagonistas.

La excelente puesta en escena del arquitecto Gerardo García dio como resultado una residencia plena de lujo y elegancia, en donde cada detalle fue minuciosamente concebido para que los dueños pudieran sacarle provecho al máximo y gozar con sus más allegados.