• Casas
  • Katia Contreras
  • 12|05|2014
La sabiduría de la observación
Enclavada en lo alto de la montaña, la casa El Mirador rinde tributo al sublime paisaje natural que la circunda.
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Arquitectura: Manuel Cervantes Céspedes / CC Arquitectos 

Interiorismo: Habitación 116 / CC Arquitectos 

Paisajismo: Entorno Paisaje

Colaboración: José Luis Heredia

Su nombre se originó gracias a la cuidada orientación que posee, la cual ofrece a sus moradores una deslumbrante vista panorámica hacia el lago de Valle de Bravo. La residencia de descanso y recreación llamada El Mirador sobresale en medio del paisaje por el acertado aprovechamiento de su ubicación.

El eje rector del proyecto fue el respeto por la vegetación circundante y la reducción del impacto constructivo, directrices que se aprecian intactas en la edificación.

Al ingresar al lugar, un extenso espejo de agua que funciona como bebedero para los caballos duplica las hermosas coníferas, reforzando la sensación de estar dentro de un refugio a mitad del bosque. Además, resulta ser el pedestal ideal para la escultura que yace al centro.

Al interior de la vivienda, la calidez de la madera reciclada, así como la solidez de la piedra de la región en pisos y muros, aportan una estética contemporánea que es acentuada con el mobiliario en tonos crudos, grisáceos y marrones que se mimetiza con los materiales de construcción, así como por la ornamentación casi inexistente.

Además del exuberante paisaje protagonista en cada espacio, en la casa destaca el cuidado en los detalles, como los plafones recubiertos en madera natural en áreas como la cocina y la recámara principal, que tornan el lugar más íntimo y cálido; o la templada luz que proyectan los luminarios empotrados casi invisibles entre las gruesas vigas en madera.

El impecable diseño estuvo a cargo de CC Arquitectos, despacho dirigido por el talentoso arquitecto Manuel Cervantes Céspedes, quien junto a su equipo creativo concibió El Mirador respetando al máximo el bosque de coníferas donde está emplazado, adaptándose a la topografía del terreno y empleando la orientación como un factor primordial para la ventilación y el asoleamiento.

Esta monumental morada está enclavada en la cima de la montaña con el objetivo de ser protegida de las condiciones cambiantes del clima de Valle de Bravo.

Su robusta estructura en acero semidesnudo además de concederle una estética fuerte y contemporánea, permitió una rápida construcción. Ésta fue recubierta en muros y plafones con materiales de la región así como con madera reciclada. Elementos que permitieron el mínimo impacto al medio ambiente, logrando a la vez una admirable integración al frondoso entorno natural que caracteriza a la región.

Por sus trazos inigualables y excelente puesta en escena, este proyecto fue el galardonado en la categoría Arquitectura Residencial en Iconos del Diseño 2013.