• Casas
  • Katia Contreras
  • 10|08|2015
El eterno legado de Finn Juhl
Nos adentramos en el sitio donde el máximo representante del danés moderno concibió las siluetas que revolucionaron el diseño industrial.
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Arquitectura y diseño interior: Finn Juhl

Al admirar los trazos dóciles y las curvas sensuales de sus obras, resulta asombroso pensar que el arquitecto, diseñador de interiores e industrial Finn Juhl concibió estas siluetas hace más de 70 años y que, con ellas, se comenzó a escribir la historia del escandinavo moderno. Juhl fue pionero en su país, y junto con otros grandes creativos daneses, como Arne Jacobsen, Hans Wegner, Borge Mogensen y Poul Kjaerholm, introdujeron el “danés moderno”, admirado en América a mediados del siglo XX.

Juhl innovó con los suaves bordes en las sillas modernistas de madera y, en busca de formas orgánicas, llevó a la madera a los límites de lo que era posible. Poseía un profundo conocimiento de la historia del arte, aunque su principal interés siempre fue el contemporáneo. Esta materia fue la principal fuente de inspiración para Finn Juhl, pues le fascinaban las formas que desafiaban la gravedad y que creaban ligereza visual. Fue la libertad humana, como se refleja en el surrealismo y en el cubismo, lo que inspiró a Finn Juhl. Particularmente, el retrato de Jean Arp del torso humano y la esculturas modernistas de Barbara Hepworth.

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Utilizó su sensibilidad artística para usar sus creaciones como una reflexión de sus tiempos. Juhl tuvo la ambición de crear muebles con una personalidad que reflejara tanto la funcionalidad como la estética. En lugar de pensar en términos de construcción práctica, Finn tenía la mentalidad de un escultor cuando modelaba un mueble. En los años 40 y 50, esta forma de trabajar nunca antes se había visto. Su anhelo era diseñar mobiliario con movimiento y vida.

Finn Juhl diseñó, construyó y decoró esta vivienda, en donde habitó junto a su primer esposa, Inge-Marie Skaarup, en el número 15 de la calle Kratvænget, en Ordrup, a las afueras de Copenhaguen. La casa se completó en 1942, cuando el edificio presentó un ritmo armónico y gradual entre las distintas áreas, en lugar de una colección de habitaciones individuales. En ese entonces Finn tenía 30 años, y vivió ahí hasta su muerte, en 1989. Después de este suceso, Kratvænget 15 fue cuidada por su pareja, Hanne Wilhelm Hansen y, en 2008, gracias a una donación privada, el inmueble se convirtió en parte del Museo de Arte Ordrupgaard y fue abierta al público.

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El sueño de Juhl fue concebir un sitio coherente en el que cada elemento fuera diseñado por sus propias manos, incluso objetos de uso cotidiano tales como cubiertos y vajilla, los cuales fueron creados, pero nunca se produjeron para su venta.

Finn admiraba a artistas como Alvar Aalto, Sonja Ferlov Mancoba, Asger Jorn, Vilhelm Lundstrøm y Erik Thommesen. Consideraba que los muebles, la artesanía y el arte debían conformar una integridad en la casa, y ésta fue decorada con obras de los pintores daneses de la época. Él era un gran coleccionista de pinturas, así como de esculturas, alfombras y jarrones. Kratvænget se convirtió en laboratorio de diseño de Finn Juhl, y sólo si los muebles funcionaban adecuadamente en su propia casa, los producía a una escala mayor.

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La residencia es una clara muestra del legado de este maestro y de lo que representó como arquitecto y diseñador industrial. Ésta se compone por dos bloques en ángulo recto, y constituye un ejemplo temprano de una casa de planta libre. Hay un espacio entre las áreas y habitaciones; cada una es extensión de la otra, sin embargo, el carácter y la expresión varía de una estancia a otra, dependiendo de su uso. Juhl marcó estas diferencias mediante el empleo de diversos materiales, obras de arte o colores. Un techo, por ejemplo, está pintado de azul profundo, y otro, de amarillo brillante —un color que el propio Juhl sentía que se asemejaba a un lienzo con el sol brillando a través de él—. El mobiliario de la sala de estar se organiza en grupos que ofrecen diversos ambientes.

En opinión de Finn Juhl, los muebles no debe tener un frente y un detrás. Uno debe ser capaz de verlos desde todos los ángulos, ya que son el punto focal de una habitación, de una estancia, y en su casa generalmente los colocaba alejados de los muros.

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Su hogar contiene numerosos ejemplos de sus icónicos muebles hechos a mano, que eran fabricados por el maestro carpintero Niels Vodder. Sin embargo, los muebles de Juhl no viven de forma aislada, interactúan con el arte y las esculturas que embellecen a la vivienda y, a la vez, ayudaron a dejar la huella en la expresión coherente que Finn Juhl se esforzó para lograr en su casa.

Kratvænget 15 es hoy considerada tesoro de una época notable en la historia del diseño danés, y ofrece al público la oportunidad de observar y sentir las ideas de diseño que dieron origen al escandinavo moderno. Si siguiera con vida, el icónico diseñador de mobiliario habría cumplido 100 años en 2012. Trascendiendo su muerte, hoy su legado vive más fuerte que nunca.