• Casas
  • Monica Balo
  • 18|08|2015
Vida silvestre
Údine, Italia, es el lugar que Patrizia Moroso encontró y eligió para construir su hogar.
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Los ritmos africanos provienen del corazón del pueblo de Údine, Italia, el lugar que Patrizia Moroso encontró y eligió para construir su hogar hace varios años. Se trata de un sonido proveniente de instrumentos exóticos, tales como la madera, la arquitectura y el mundo de las pasiones y los sentimientos. Los latidos del corazón de su propietaria, así como su creatividad, son los directores de la orquesta. A Patrizia Moroso le gusta decir que descubrió casi por accidente, en su propio pueblo, Údine —en donde todo es céntrico y a 10 minutos—, una madera salvaje, y que decidió que ésta debería permanecer así incluso después de pasar por las manos de la arquitectura.

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La idea no era volver a los orígenes después de haber experimentado la vida urbana, sino tomar conciencia de que sólo la vida en el campo y los paisajes de la infancia pueden darnos el verdadero sentido del lujo: tener tiempo y espacio a nuestro alrededor. Ella eligió a su mejor amiga, Patricia Urquiola, para que la ayudara, pues era la única persona que comprendería las sugerencias del paisaje y las experiencias que tuvieron juntas, gracias a que compartieron un viaje a Australia, de donde Patrizia obtuvo la inspiración de los árboles de hayas, cuyas características hojas son negras, color que empleó para barnizar la superficie y cubrir todo el inmueble, y los robles americanos, que se tornan rojos y amarillos durante el otoño, colores que inspiraron la pintura de las puertas y las ventanas. El negro y el rojo son elementos naturales pero también símbolos. El negro alude a la madera y a los instrumentos africanos, y el rojo al color de la tierra del continente: colores ancestrales vivos tanto en la memoria como en la vida cotidiana que palpita en este espacio.

Debajo de la madera fluía un río que ha desaparecido. En el lecho del río han crecido árboles, y la disparidad del terreno se convirtió en un elemento importante que inspiró el desarrollo del proyecto arquitectónico en dos niveles. Así, desde el piso superior puede espiarse lo que ocurre por los arbustos.  

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El río, el bosque y la fauna parecen los elementos perfectos para un cuento de hadas, pero hay muchas maneras de contarlas y escribirlas. Aquí, la casa tiene una estrecha relación con el espacio exterior. En los rigurosos volúmenes arquitectónicos se abren grandes ventanales y la dura corteza exterior protege la vida del interior como una piel que permite la transpiración. La vida dentro de la vivienda es muy dinámica: Patrizia Moroso, su esposo Abdu Salam Gaye, sus tres hijos con sus amigos y las amistades de la familia. Las personas con las que ella hace negocios también son parte de esta atmósfera, debido a las relaciones que Patrizia ha construido con ellas. La casa no es sólo un lugar privado, también un espacio de trabajo creativo en el que es posible tener reuniones con los clientes, algo entre un showroom y una sala de juntas en el ambiente de un hogar, algunas veces en la cocina y otras en el comedor. Se trata de una inmersión profunda en el mundo de Patrizia Moroso, en sus proyectos, su manera de llevarlos a cabo y su estética.

Sus colecciones más recientes conviven con los prototipos, esas preciadas creaciones primarias que contienen la idea y los detalles originales antes de que el proceso industrial los elimine. En esta casa encontramos una mezcla de amor por los nuevos proyectos y por los viejos recuerdos de viajes, como las antigüedades chinas y mobiliario de la India y el Tíbet, los cuales transmiten la idea de la finitud y de las señales del paso del tiempo. Patrizia Moroso ha cultivado su pasión por las diferentes culturas. Cada pieza de mobiliario acompaña a las demás en una especie de caos organizado creado por su propietaria, como en un joyero en el que un collar de perlas de la abuela convive con un anillo impreso en 3D.

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¿Dónde se encuentran la vajilla, los platos y los manteles en esta casa? Pues en un sistema de mobiliario plegable en el que se guardan los objetos de uso diario.

En el interior, una vez más es el color el que le da el ritmo a la casa. El negro y el rojo —como en el exterior— se emplean en las paredes, en el piso de la sala de estar, en el tapete de mosaicos del pasillo, el cual reproduce los mosaicos tradicionales de las casas africanas. Y todo ello dialoga con un mundo de imágenes artísticas, como las fotografías de Fathi Hassan o las pinturas de Salam. La modernidad de los productos de diseño coexiste con la simplicidad y la singularidad de las artesanías imperfectas, africanas en su mayoría. Aquí África vence al oriente, en un sentido metafórico, en donde la belleza significa perfección repetible.

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Encontrar nuevos talentos es una parte importante del trabajo de Patrizia Moroso, el cual comenzó como una pasión privada, y su casa está plena de signos e historias que contar. La pareja Doshi-Levien, por ejemplo, le envió un sobre lleno de proyectos. Ellos aún eran desconocidos, pero ella había leído un artículo sobre su obra, así que creyó que era una señal del destino y una buena coincidencia y no los dejó ir. Aquí comenzó su relación comercial. Algo similar ocurrió con una colección de jarrones. Un día Patrizia compró un jarrón sin conocer al diseñador, y al poco tiempo recibió en su casa la colección entera. En la Satellite Fair 2014, se fijó en la obra de la pareja Zanellato-Bortotto, pero no pudo conocerlos hasta que alguien más los puso en contacto, ya que también eran de Údine, y ahora colaboran con la compañía. Algunos proyectos tienen el privilegio de estar en la casa de Moroso, mientras que otros cruzarán las puertas de la empresa, especialmente los relacionados con el mundo de las sillas (el ADN de Moroso).

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Las telas son un elemento al que la propietaria de esta casa le tiene un cariño especial, y el cual es empleado para añadir un valor al proceso artesanal y tradicional que coexiste con el mundo del arte y el diseño contemporáneos: el tejido de las alfombras como el estampado del piso, el tricot y las telas africanas tradicionales para tapizar los icónicos sillones —los cuales están estratégicamente colocados para ver desde las ventanas— y la tela que se emplea especialmente para la colección de sillas M’Afrique.

El día de hoy, M’Afrique emplea a más de 30 personas, coordinadas por Salam, y cuenta con la colaboración de muchos otros diseñadores de fuera. La pareja expresó cómo los viajes han cambiado sus vidas. Patrizia Moroso los considera una exploración metafórica de las fronteras entre las diferentes disciplinas (diseño, arte, ilustración, gráficos) en vez de cruzar límites geográficos.

La inspiración y la conciencia de Patrizia provienen de su experiencia y de su capacidad de entender los límites culturales, como sentarse frente a la ventana y observar el bosque.