• Casas
  • Ana Quiroz
  • 31|01|2016
Único e irrepetible
Un proyecto ecléctico, contemporáneo y radiante que se logró mediante un trabajo colaborativo entre el maestro Pedro Friedeberg, la casa de tapetes Odabachian y el joven arquitecto Francisco Elías.
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El maestro Friedeberg está más inquieto que cuando era niño (al menos eso quiero pensar), pues es tan prolífico que lo mismo interviene un sofá para Roche Bobois, que un reloj para la firma Corum o, en este caso, crea un tapete para la firma Odabachian. Este proyecto nació de la idea de realizar una pieza magnífica a partir de la enérgica obra de Pedro Friedeberg y con la experiencia de más de 90 años de la firma Odabachian, la cual se encargaría de confeccionar la pieza. Jaime Odabachian ya había trabajado con diseños de arquitectos como Pedro Ramírez Vázquez y diseñadores como Ariel Rojo. En esta ocasión, el maestro creó una obra de 300 x 300 centímetros a la que tituló “Lección de elegancia y sofisticación”, la cual está inspirada en un trabajo previo al que llamó “360 sueñitos surrealistas”.

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¿Es una pieza de arte? Sí. ¿Se puede usar? Sí. Bajo está premisa, el curador Alejandro Sordo se reunió con el arquitecto Francisco Elías (premio Ópera Prima en arquitectura por Architectural Digest en su séptima edición de Iconos del Diseño). La idea era ambientar una pequeña habitación en la parte alta de la casa-estudio de Pedro Friedeberg con el objetivo de hacer notar las cualidades estéticas y funcionales del tapete. Esta labor se llevó a cabo con estricto cuidado en los detalles por parte del arquitecto y en un tiempo récord de una semana.  
 

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El proyecto está basado en el análisis, la interpretación y la representación de los gustos del usuario, por lo que el espacio y los elementos que lo componen reflejan el mundo del habitante: se trata de un hombre joven soltero apasionado por el arte, la historia, la geografía, el diseño, la tecnología y en general del “buen vivir”, el cual queda representado con la alegoría de un viejo salón masculino londinés del siglo XIX. Los elementos decorativos son retomados de esa referencia inglesa y aparecen en el espacio actual a manera de franjas esbeltas, verticales y bicolores —grises y blancas— que destacan el carácter del salón. En contraste, se utilizó un azul rey (típico color masculino en la corte francesa) que funciona como escenario para abrazar la diversidad de piezas coleccionadas a lo largo de los años por el habitante. El espacio funciona como un gran loft compuesto por tres espacios definidos por el mobiliario utilizado: una cocineta, un salón de convivencia y la recámara.
 

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Sobre la pieza central (el tapete), destacan piezas de mobiliario de la firma francesa Ligne Roset. Como remate del salón de convivencia aparece un mueble de carpintería que funciona como librero-exhibidor y está laqueado en el mismo color del muro que lo soporta. Éste puede albergar el acervo bibliográfico o exhibir esculturas y pinturas de la colección del usuario. Al fondo del espacio general aparece una recámara de madera del primer tercio del siglo XX con claras reminiscencias art déco. Sobre la cabecera se muestra una pieza de producción reciente del artista Pedro Friedeberg.