• Casas
  • Miguel Sada
  • 08|06|2015
Surrealismo y utopía al estilo Kelly Wearstler
La elegancia clásica y la audacia punk conviven en su casa maximalista de abundante riqueza visual.
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La creativa estadounidense del momento, Kelly Wearstler, es reconocida mundialmente por sus audaces creaciones en la moda, el interiorismo y el diseño industrial, así como por las incontables colaboraciones con afamadas marcas como The Rug Company y Groundworks. Sin embargo, su personalidad sencilla, cálida y alegre es evidente en el recorrido para AD México por el hogar que comparte con su esposo, Brad Korzen, y sus dos hijos, Oliver y Elliott. 

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La residencia de estilo español colonial emplazada en California fue originalmente construida en 1926 para el legendario Albert “Cubby” Broccoli, productor de la saga de James Bond. En 1934 fue remodelada por el arquitecto James E. Dolena y, en 2005, fue adquirida por Kelly y su familia, quienes quedaron cautivados desde el primer momento. En palabras de Wearstler, “la casa posee una historia rica e intrigante al estilo Hollywood. Es divertido imaginar a todas las celebridades que han transitado por lo corredores de la casa”.

La morada de ocho habitaciones se desenvuelve en más de mil metros cuadrados. Adicionalmente, cuenta con una hectárea de áreas verdes, cancha de tenis, alberca y casa de huéspedes. Cada espacio que la conforma, sin importar su dimensión, roba el aliento y es una fuerte declaración de un espíritu creativo que no teme correr riesgos al diseñar.

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La planta original fue ideada en forma de “U”, posteriormente, Kelly añadió el atrio y la sala de estar separados de la cocina. Al transitar por la casa, sobresalen las áreas abiertas y la abundante iluminación natural. El nivel superior resguarda las habitaciones y en la planta baja se desenvuelven las zonas sociales. “Mis hijos tocan en una banda de tres integrantes, “The Negotiators”, y han convertido uno de los salones en un conservatorio de música. ¡Es muy divertido que toquen en las fiestas!”.

Contrario a la fastuosidad de las esculturas y pinturas que adornan la casa y a la inmensidad de los espacios, el hogar de Kelly es extremadamente casual, pues ideó cada ambiente para ser habitado y no sólo contemplado. “Mis hijos son deportistas, hacen surf, practican snowboard y juegan hockey. Fui muy cuidadosa al elegir materiales, mobiliario y una distribución que pudieran resistir hasta combates de lucha”.

El confort y la historia distinguen la morada de Kelly, y fueron precisamente estos dos conceptos los que buscó destacar en su decoración. “Uno debe ser siempre respetuoso del pasado y del alma de un espacio. Quise construir con base en el testimonio de la casa, e integrar la personalidad activa y el espíritu de mi familia”.

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En la vivienda sobresalen también las esculturas, las cuales le brindan profundidad y movimiento. “Casi nunca compro arte en función de su fama o notoriedad. Tengo varias piezas en casa de artistas desconocidos que he encontrado en mercados de pulgas alrededor del mundo. El arte debe hacerte sentir algo, yo lo elijo basándome en las emociones que me provoca. Es una historia de amor apasionada. Uno de mis posesiones más preciadas es, sin embargo, la pieza de Victor Vasarley en mi habitación. Él es un visionario y uno de mis artistas favoritos de todos los tiempos”.

En cuanto a los materiales, Kelly optó por una paleta en la que predominan los naturales, pues considera que la naturaleza es el mejor diseñador. “Incorporé materiales orgánicos, sin embargo, mi amor por el metal nunca muere”. Piedras y minerales, mármol, maderas, bronce y pátinas gunmetal se mezclan para añadir infinita profundidad y riqueza visual a cada ambiente. 

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En la morada californiana, la yuxtaposición de colores audaces con elementos de la arquitectura clásica creó una exuberancia jovial y fresca. Al igual que su hogar, los diseños de Wearstler destacan por sus colores vibrantes y expresivos, ya que para ella “vivir sin color es como vivir sin amor”. Al fusionar tonalidades y patrones, Kelly estableció una jerarquía y un diálogo cohesivo, ya que considera que demasiados protagonistas en una habitación crean un drama innecesario. 

La esencia de Kelly está impresa en su hogar, especialmente en la mixología. Siempre algo viejo con algo nuevo, lujo y sencillez, masculino y femenino. La estética distintiva de Wearstler se basa en la oposición. Con el trabajo que realizó en su residencia de Beverly Hills rindió tributo a la historia y supo reinterpretarla con una mirada contemporánea, generando un ritmo sensual que resulta crudo y refinado a la vez. “Para mí diseñar es enamorarse una y otra vez. Permanezco en constante búsqueda de nuevas formas de enamorarme”.