• Casas
  • Katia Contreras
  • 08|04|2015
Un museo habitable
La pasión por México se vuelve tangible en una espectacular morada en lo alto de la capital.
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El amor eterno del poeta mexicano José López Velarde por Josefa de los Ríos lo llevó a escribir el poema “Fuensanta si miras la mar”, en el que la llamaba de esa forma. De la perpetua admiración hacia Josefa tomó su nombre este espectacular escenario ubicado en la Ciudad de México: la casa Fuensanta.

La residencia no podía llamarse de otro modo, pues expresa el amor incansable por México de la familia que la habita y, especialmente, narra su historia, manifestando los momentos y periodos que han marcado sus vidas.

Después de una competida licitación, el arquitecto José de Yturbe quedó al mando de la consigna y diseñó, junto a su equipo creativo, con Andrés Cajiga entre ellos, una morada luminosa y diáfana que fue trazada tomando en cuenta la importante y vasta colección de arte mexicano de los propietarios. 

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Desde el acceso puede estimarse lo especial del sitio, al ser recibido por una plazoleta exterior con suelo de piedra volcánica y la obra de Adán Paredes como remate visual, que se trata de un muro extenso con figuras de barro de distintos tamaños hechas a mano. Esta pieza ofrece distintas lecturas según el observador: el cosmos, una trama textil, los tradicionales techos de teja llevados a otro plano o la unión de la familia. Asimismo, la muralla dialoga con los elementos contiguos como los muros laterales coloreados con tierra de Oaxaca, el espejo de agua de obsidiana de Teotihuacán y los magueyes que exaltan el espíritu mexicano. La luz natural y el diseño de iluminación de Gustavo Avilés son aspectos clave, pues hacen que la obra cobre vida formando un juego de luces y sombras cambiante conforme transcurre el día.

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 Al adentrarse, la vivienda presume una larga escalinata de madera de roble americano, pisos de mármol travertino y de recinto negro, así como cubiertas de hierro y teja que conforman un escenario de trazos limpios que se abre hacia la naturaleza aprovechando su ubicación en la cima de un cerro al poniente de la ciudad.

Las obras de arte que ostenta la vivienda forman parte de la colección privada de los propietarios, la cual han recopilado en subastas, galerías y bazares. Todas las piezas son de autores mexicanos, lo que hace aún más especial la antología. 

Cada obra fue encontrando su lugar; la única que tenía de antemano un sitio específico era Vendedora de juguetes, de Michel. Antes de ser enviada a una exhibición, se descubrió que detrás de esta pintura había otra obra oculta. Para colocarla, se fabricó un mueble a la medida con doble cara que divide la sala de estar del comedor. 

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El diseño interior, en el que participó Enrique Jiménez, es un ejemplo digno del eclecticismo mexicano, pues conviven en armonía tapetes oaxaqueños y jarrones chiapanecos con esculturas de Leonora Carrington, Mathias Goeritz y pinturas de Rafael Coronel y Abel Quezada, por mencionar algunos. 

La residencia Fuensanta posee cuatro plantas. Comienza con las áreas sociales y se van descubriendo las privadas mientras se desciende. 

El primer nivel abarca el acceso principal, que ostenta las obras de Jorge Marín y Adán Paredes, el vestíbulo, con una pintura de Alejandro Gómez y una escultura de Cueto, y el despacho, con una obra de Rafael Coronel al centro. Al bajar la escalera de roble emerge la cantina formada por un mueble recuperado de una tienda de raya. Al lado se encuentra la sala de estar, adornada por una pintura de Chávez Morado como foco principal, y el comedor interior con artesanías y obras de Corza y Esnayra. Éste conduce a la cocina y a la bodega de obras de arte, la cual cuenta con las condiciones ideales para su conservación.

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 El espacio diáfano de sala y comedor se vincula con la terraza a través de un extenso muro de cristal, y en ella pueden apreciarse obras de Javier Marín, Luis Ortiz Monasterio y Leonora Carrington.

Una luminosa escalinata conecta los siguientes niveles y actúa como una galería extensa con admirables obras de Coronel, Orozco, Byron y Maximino Javier, entre otros. En la tercer planta se encuentran los cuartos de los niños, su estudio de tareas y el área de lectura, todos decorados siguiendo la pauta del resto de la vivienda. Por su parte, el último nivel integra el family room y el dormitorio principal con vista panorámica al bosque. Estas zonas se embellecen con los trazos expresivos de Felguérez, Michel, Flor Minor y más.

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Por último, emerge un jardín que, con suculentas y magueyes tobalá, termina de robar el aliento esta morada.

Más que un proyecto arquitectónico, la residencia representa el proyecto de vida de los propietarios y su familia, por lo cual intervinieron en cada detalle con el fin de hacerlo único y personal. Su sensibilidad para el arte y los espacios dio como resultado un sitio equilibrado que representa quiénes son.

En este sitio, cada elemento tiene una relato que contar, y la casa Fuensanta cuenta la historia de una familia amante de sus raíces, y de un México artístico lleno de vida y talento.