• Casas
  • Jessica Moreno
  • 24|03|2015
Un sueño mediterráneo
La casa Sardinera descansa en la cima de una ladera española frente al mar, creando una combinación perfecta de un paisaje arquitectónico dentro de uno natural.
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Arquitectura: Ramón Esteve Estudio

Arquitectos Colaboradores: Anna Bosca, Estefanía Pérez, Víctor Ruiz y María Martí

Diseño interior: Ramón Esteve Estudio

Esta magnífica propiedad se encuentra entre Portixol y Cala Blanca, con una vista panorámica a todo Jávea, en Alicante, España. Tiene un carácter fuerte gracias a la expresividad de los materiales empleados, entre los que predominan las texturas del hormigón blanco entablillado y la madera blanqueada de sta manera consiguieron que ambos se asemejaran tanto, que en ocasiones llegan a mimetizarse.

Los voladizos son el principal acento de la construcción y refuerzan los planos horizontales. “El planteamiento inicial del proyecto se basa en aprovechar y potenciar las vistas panorámicas de su emplazamiento, generando un entorno de contemplación y relax que permita disfrutar de la experiencia que el lugar ofrece”, dice su arquitecto Ramón Esteve. 

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Sus dos fachadas le dan dos caras distintas a la casa, la de acceso es la zona hermética, que protege del sol y no permite que se vea hacia dentro desde la calle, flanqueada con olivos de troncos anudados, típicos de la zona. Sin embargo, la fachada Este es mucho más permeable y transparente, está formada por grandes paneles de vidrio, que al final quedan resguardados por los balcones, también de cristal, y cortinas sinuosas que aportan carácter mediterráneo y etéreo.

Las dos plantas de Sardinera son abiertas al mar, y los muros laterales se encargan de que las personas que entren tengan contacto inmediato con el horizonte, pero la interacción con la naturaleza no se detiene ahí, además de que cada habitación tiene un balcón abierto con vista al mar (a modo de mirador), se introdujeron elementos vegetales en toda la planta baja para dar la idea de que se trasladó el jardín al interior de la casa. La colina sobre la que se ubica tiene pinos, terrazas para cultivo y plantas aromáticas que la aíslan de la urbe pero la integran al paisaje natural. Así se logra el refugio de descanso perfecto. 

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Todo en la casa da la apariencia de estar buscando una salida en mar, aunque en diferentes direcciones, como si formara parte de múltiples escenas. Los balcones y voladizos no se apoyan en los muros, sino que se ensamblan entre ellos, aumentando la tensión visual y creando sensaciones que oscilan entre masividad y liviandad.

La casa Sardinera te invita a contemplar el mar desde cada estancia, pero especialmente la sala, con una esquina de vidrio de seis metros de altura que enmarca las mejores vistas al océano. Este detalle, de esquinas de vidrio, se aplicó a todos los dormitorios también, para que en lugar de tener las típicas vistas frontales acotadas por muros, se buscó que los habitantes pudieran tener visuales panorámicos más interesantes.  

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El sótano de esta casa no es como ningún otro, además del típico espacio de estacionamiento, tiene un gimnasio con sauna y una piscina interior, la cual queda conectada a la exterior (que se encuentra en un nivel superior) a través de una ventana que proyecta las sombras del agua de afuera hacia adentro.

Las escaleras, también de vidrio translúcido, fueron creadas de igual manera para ver el mar. Por la noche los escalones se iluminan y sirven de lámpara, mientras que el barandal es un plano inclinado que sigue el concepto de los muros. El interiorismo es en tonos blancos, toda la madera es de Accoya blanqueada y las bancas suspendidas de los baños son de piedra natural. “El resultado es una casa que genera múltiples espacios donde contemplar el mar, desde cada una de sus estancias interiores o sus espacios exteriores”, dice Esteve.