• Casas
  • Mariangel Coghlan
  • 09|12|2014
Una casa con historia
Esta residencia ofrece la posibilidad de la evolución constante, el calor de la estabilidad familiar, la transmisión de la paz sobre el interés común y la tónica de la complicidad de sus habitantes.
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Arquitectura: Gerardo Boué

Diseño interior: Gerardo y Marilupe Boué

Gerardo nació en una familia de constructores; su papá, ingeniero de profesión, siempre se ha dedicado a la obra civil. Él decidió ser arquitecto porque encontraba interesante y cautivador el diseño: “Estaba entusiasmado por hacer diseño sofisticado, realizar interiores e involucrarme en la escena creativa”. Su desarrollo profesional ha crecido de la mano de Marilupe, con quien lleva 31 años casado. A los 26 años de edad, con un hijo pequeño y otro en camino, iniciaron la edificación de un hogar cuya principal constante ha sido el cambio; sereno, meditado, sensato. Cuando se mudaron a esta vivienda una parte aún se encontraba en obra negra, y tardaron un año en tener listos todos sus espacios.

Para Gerardo, “la casa de un arquitecto siempre evolucionará”, y su morada no es la excepción. Se ha ido actualizando con el paso del tiempo, aunque en esencia, como señala Marilupe, es la misma. Por ejemplo, en un principio diseñaron un carril de nado, después lo eliminaron para convertir ese espacio en una terraza, que posteriormente techaron y, finalmente, integraron al resto de la casa.

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Su sueño se convirtió en una morada con tonalidades claras y, como anteriormente se mencionó, en donde predomina el blanco, con pequeños acentos de color en algún accesorio decorativo, ya fuera un cuadro o un tapete. Es así que todos los espacios que la componen son diáfanos y contagian alegría. Por su parte, las estancias se diversificaron de acuerdo con las necesidades de cada usuario, por lo que fueron evolucionando para ajustarse a los requerimientos del crecimiento natural de la familia.

La residencia está distribuida en dos plantas. La primera acoge el vestíbulo de entrada, la sala, el comedor, la cocina, un estudio, así como un patio interior de doble altura que inunda de luz natural la estancia social. Por su parte, el segundo piso alberga las estancias íntimas, que son tres recámaras con vestidor y baño completo cada una, así como la estancia familiar.

La familia conformada por Gerardo y Marilupe ha consolidado su vida e historia en esta vivienda, por lo que le tienen un gran respeto y cariño. “Estamos muy arraigados a lo que nos gusta, pero tampoco somos muy apegados a las cosas”. Sin embargo, la pareja no ha dejado de considerar mudarse en un futuro lejano a un entorno más urbano, “si se termina un capítulo de tu vida, se acaba y no pasa nada”, puntualizó el arquitecto. Mientras tanto, orgullosos de su hogar -—confortable y versátil-—, están convencidos de que, por el momento, esta casa con historia es lo que necesitan. La han habitado tan felices y han madurado en ella —individualmente y en familia—--, que lo único que desean es seguirla disfrutando.