• Casas
  • Ana Quiroz
  • 05|07|2016
Ver y sentir el lago
Una muestra de buena arquitectura en Valle de Bravo hace que los protagonismos humanos desaparezcan y la sensación de disfrute se apodere del entorno.
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Arquitectura: Sergio M. Carranza y Juan Vicente Fernández

Diseño de Interiores: Mónica Rocha y Mónica Noriega

Diseño de Iluminación: Luz en Arquitectura

Arquitectura de Paisaje: A Pleno Sol

Valle de Bravo es uno de los sitios más hermosos y cercanos a la Ciudad de México. Las casas de descanso proliferan, y se siguen construyendo más. El gran reto es diseñarlas para guardar la privacidad y, sobre todo, trabajar en terrenos con pendientes pronunciadas. Esta residencia no es la excepción, se encuentra enclavada en la ladera de una típica montaña de Valle de Bravo.

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Sin embargo, la manera de resolver el programa arquitectónico fue excepcional. Para dicho trabajo, los dueños del terreno contrataron al arquitecto Sergio Carranza de la firma Carranzarq, quien resolvió la residencia a partir de un desarrollo arquitectónico, que ubicó los distintos espacios habitables de manera lineal, uno seguido de otro, con el objetivo de utilizar la parte larga del predio para privilegiar las vistas hacia el lago.

El clima en la montaña de Valle de Bravo suele ser muy agradable durante todo el año, por lo que vivir los espacios al aire libre resulta una elección obligada, y el diseño arquitectónico debe incluir belleza estética, mucho detalle en acabados y una selección de materiales que generen ambientes confortables, pues suelen ser de amplias dimensiones, y corren el riesgo de perder la escala humana. El arquitecto creó una estancia que se une al comedor y a la cocina, para lograr un espacio muy funcional y acogedor. Otro acierto fue que la casa funciona como un gran muro de contención, el cual sostiene el terreno por encima de ella, y deja seguir la ladera de la montaña hacía el lago.

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“La incorporación del paisaje de la peña al espacio y a la sensación vivencial de la casa, es algo que procuramos destacar con el diseño; se han considerado e integrado los ritmos, las texturas y las paletas de color de las montañas y de las piedras vecinas. La fachada principal, que contrasta a manera de figura-fondo con la montaña, interpreta estos ritmos y texturas logrando mimetizar la residencia con la naturaleza”, comentó el arquitecto Sergio Carranza. Se ha respetado en su totalidad la vegetación del sitio, y se ha enriquecido con arquitectura de paisaje, que incluyó especies endémicas. Para resolver la relación exterior-interior, se propuso que el lago funcionara como el gran protagonista.

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“Se siente y se disfruta tanto en el gran espacio abierto de la planta baja, como en las recámaras del nivel superior. El lago siempre está ahí”, agregó el arquitecto. Un detalle de arquitectura que los dueños valoraron fue el acceso a la casa, el cual se decidió con base en un espectacular fresno que se encontraba en el sitio. El árbol es elemento fundamental en la composición arquitectónica. Para el diseño de interiores, se utilizaron materiales que contribuyeran con el sentido de pertenencia al lugar: maderas y piedras conviven con los elementos de metal, cantera América sin pulir, madera de encino en pisos y en algunos de los muros. El resultado se percibe acogedor y sofisticado, sin exagerar en el lujo o caer en modas de color. Las interioristas trabajaron con mobiliario y una paleta en color neutro, y texturas finas. Una mesa de nogal es la gran protagonista del comedor, complementada por las sillas Wishbone de Carl Hansen.