• Casas
  • Jessica Moreno
  • 26|06|2015
Vivir entre montañas
Un refugio dentro de un refugio, así es la Casa Meztitla en Tepoztlán que te cautivará con su simpleza y sus acertados acentos de color.
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Arquitectos: Edaa

Equipo de diseño: Luis Arturo García, Jahir Villanueva, Juan Hernández, Ana Rodríguez, Antonio Rivas, Diego Ruíz Velasco

Equipo de construcción: Luis Arturo García, Jahir Villanueva, Hans Álvarez

La Casa Meztitla, más que una construcción, es una intervención a un escenario natural impresionante. Ubicada en un terreno de 3,800m2 en Tepoztlán, México, sus 400 metros edificados aprovechan el clima tropical, la luz intensa del sol, los olores de la naturaleza y los magníficos paisajes de las montañas rocosas de El Tepozteco que la rodean para hacerse un marco propio.

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Construida con piedras a un nivel que no supera la altura de los árboles, logra fundirse perfectamente con el entorno, pero está cuidadosamente detallada para que los habitantes pudieran hacer un refugio de ella. Prueba de ello son las hamacas de colores que cuelgan a la sombra en diversas partes de la casa para ofrecer puntos alejados de descanso a cada residente. La piscina rectangular es otro punto de deleite, con vista a las montañas y rodeada de plena calma.  

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Los interiores son sencillos en todos los aspectos y con pocos ornamentos, nos dan una sensación de limpieza y espacio. Las paredes son blancas e ininterrumpidas, los acabados y muebles son también de colores neutros y sólo hayamos un poco de contraste en los coloridos tejidos mexicanos que añaden un toque cálido al hogar. Afuera podemos ver mobiliario de madera y macetas de barro con los típicos cactus de la región, y así se completa el círculo simple de decoración.  

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Sus diseñadores la definen como una estancia introvertida pero continuamente abierta a los alrededores. Sólo dos elementos le revelan su existencia al mundo exterior: las flores de buganvilia que rodean la casa y se asoman entre el follaje de los árboles del terreno, y la forma monolítica y masiva de la casa que emerge entre las copas de los árboles, tal como si fuera una caja blanca.

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