Impactante fragmentación
El rompimiento con las reglas, una nueva concepción de la estética y el desafío a la lógica arquitectónica tradicional son parte esencial del deconstructivismo.
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Desafiar la tradición y romper con los viejos preceptos han sido dos de las características fundamentales de los movimientos artísticos de la vanguardia, y el deconstructivismo no es la excepción. Nacida a finales de los años 80, esta corriente de la arquitectura posmoderna retoma conceptos clave de la teoría filosófica de la deconstrucción, desarrollada por Jacques Derrida, y los traslada al proceso arquitectónico.

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Así, ideas como la fragmentación, la sublimación de formas no rectilíneas y la manipulación de las superficies para crear estructuras de siluetas casi irreverentes dan lugar a una nueva concepción estética y funcional. Uno de los exponentes más destacados de este movimiento es, sin lugar a dudas, el arquitecto canadiense Frank Gehry, quien continuamente ha impactado al mundo con obras como el museo Guggenheim de Bilbao, la Casa Danzante de Praga, el museo Vitra Design de Weil am Rhein o la Sala de Conciertos Walt Disney de Los Ángeles.

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En múltiples ocasiones se ha definido la esencia del deconstructivismo como un caos controlado, premisa que ha dado pie a que muchos críticos consideren que esta corriente carece de peso e impacto social mientras la importancia de la forma sobrepasa la función.