El poder de un diseño audaz
La Torre Virreyes, el proyecto que evolucionó hasta convertirse en una de las estructuras corporativas más importantes de México.
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Ubicada junto al Bosque de Chapultepec, se trata sin duda de uno de los edificios de oficinas más atrevidos de la Ciudad de México. Construida en un terreno de aproximadamente cuatro mil metros, cuenta con 28 pisos, 70 mil metros de oficinas, 16 niveles de estacionamiento y 125 metros de altura. Torre Virreyes concibe un diseño único y polémico, el cual ha cambiado el panorama de la ciudad.

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La torre fue diseñada por Teodoro González de León, uno de los maestros de la arquitectura mexicana y creador de una parte importante de las estructuras que han definido la imagen arquitectónica urbana de México. El Premio Nacional de las Artes (1982) estudió en la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México de 1942 a 1947. Durante este último año obtuvo una beca del gobierno francés y trabajó durante 18 meses en el taller de Le Corbusier, experiencia que califica como formidable. A sus casi 90 años, y con más de 300 obras realizadas, ejerce desde 1950 y su trabajo destaca en el espacio público.
 

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“El objetivo de las obras es que aguanten el tiempo; los acabados en la arquitectura deben soportar el endurecimiento del tiempo. Mi trabajo es producto de una vida”, nos explicó el arquitecto en entrevista exclusiva.
El característico diseño se expande conforme crecen los pisos, una solución creada por González de León para resguardar la icónica estructura diseñada por Vladimir Kaspé en la década de 1940, catalogada como Monumento Artístico por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). “Me gustó mucho reinterpretar la obra de un maestro. Yo lo quería mucho y creo que esta reconstrucción en concreto blanco le hubiera fascinado, ya que no se podía hacer en aquella época”, comentó sobre su maestro de urbanismo y amigo, con quien compartía una gran afición por la música.

 

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La fachada tiene la particularidad de cambiar su apariencia gracias al cristal que se aprecia de frente y al concreto cincelado —característico de la obra de González de León—, que se transforman si se altera la posición del observador. El vestíbulo nos recibe con un original plafón de tubos de concreto, un espacio de 50 metros que no tiene columnas y soporta los 28 pisos gracias a un megabrazo que sube en diagonal por todo el edificio y lo convierte en su propia estructura. Cada piso cuenta con un amplio espacio sin columnas, una altura de 4.50 metros y una inigualable vista a Lomas de Chapultepec.

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Los últimos cuatro niveles rematan con patios interiores que se van escalonando en tres pisos hasta llegar al rooftop, donde se encuentra el helipuerto y un amplio espacio que aún está por definirse. El diseño estructural fue un trabajo en conjunto con la firma internacional ARUP, la cual creó un núcleo de concreto capaz de resistir eventos que pueden suceder cada mil 200 años. Desarrollada por Fibra Danhos, la torre quedó entre los finalistas de América en el concurso para elegir a los mejores edificios altos de 2015 que organiza el Council on Tall Buildings and Urban Habitat (CTBUH).
 

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Gracias a sus paneles solares, a su sistema de reutilización de lluvia y a otras medidas responsables con el medio ambiente, así como a las innovaciones tecnológicas más avanzadas, el corporativo fue acreedor de la certificación LEED Platino. La Torre Virreyes integra un atractivo parque, el cual refleja una exitosa recuperación del espacio público que se embellece gracias a Los Gigantes de Piedra, del artista suizo Ugo Rondinone, un auditorio, un salón de usos múltiples y, próximamente, cinco restaurantes, un museo de sitio, un food court y comercios. Una obra que se ha convertido instantáneamente en un ícono de la ciudad, símbolo de la arquitectura contemporánea mexicana.