El color de la identidad
La segunda mitad del siglo XX fue testigo del surgimiento de una renovada visión estética que dio origen a la arquitectura mexicana.
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Inspirados por los preceptos de corrientes como el modernismo y el funcionalismo, fueron muchos los arquitectos mexicanos que se dejaron llevar por la emulación de la estética distintiva de estas tendencias. Sin embargo, a partir de los años 50 las grandes mentes creativas de la arquitectura mexicana, como Luis Barragán y, posteriormente, Ricardo Legorreta, se distanciaron para desarrollar un estilo propio de carácter sin igual.

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Grandes ventanales, volúmenes de plástica lineal, formas impecables, colores brillantes, muros imponentes, así como juegos de luces y de sombras que se integran al resto de la construcción, fueron algunos de los componentes que distinguieron los proyectos arquitectónicos de los años 60 y 70.

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Dos ejemplos magistrales de este estilo son el Hotel Camino Real, de Legorreta, y la Casa Giraldi, de Barragán, ambos ubicados en la Ciudad de México. Estos últimos son admirados hoy en día por plasmar en cada detalle una renovada visión estética que da origen a una nueva identidad, al igual que sucede con muchas construcciones de esta corriente. Emociones, belleza, naturaleza, amplitud e identidad nacional unidas atemporalmente.

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