Esencia natural
La integración de la naturaleza a las creaciones del hombre fue el eje rector de la arquitectura orgánica.
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La armonía entre naturaleza y hábitat humano es el eje de la filosofía de la que se desprende una de las corrientes estilísticas más importantes del siglo XX, la arquitectura orgánica. También conocido como organicismo arquitectónico, este movimiento favorece la comprensión profunda del entorno para lograr composiciones plenamente unificadas con sus alrededores.

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Este estilo se desprende del racionalismo y el funcionalismo, de manera que retoma elementos esenciales de estas corrientes, como la planta libre y la importancia de la función sobre la estética, pero va un paso más allá al ejercer un notable ejercicio de respeto en cada detalle de sus construcciones. Al considerar y preservar las propiedades de cada material empleado, del contexto, de la propia estructura e incluso del proceso de construcción, el resultado es un todo inherentemente coherente.

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El término “orgánico” fue empleado por el arquitecto Frank Lloyd Wright para describir su filosofía arquitectónica desde 1908, aunque su obra alcanzó niveles magistrales con la creación, entre 1936 y 1939, de la residencia Kauffman, más conocida como Fallingwater o la Casa de la Cascada, la cual está soberbiamente integrada con una cascada y en la que pueden observarse los más puros principios del organicismo. Actualmente, esta casa ha sido convertida en un museo y es considerada un monumento nacional de Estados Unidos.