Imponencia estructural
Las construcciones de alto impacto elaboradas con materiales “crudos” fueron el sello de este movimiento de los años 50, 60 y 70.
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Fue el término béton brut, u “hormigón crudo”, utilizado por el afamado arquitecto suizo Le Corbusier, el que sentara las bases para el movimiento arquitectónico del brutalismo. Encabezado por los ingleses Alison y Peter Smithson, quienes desarrollaron un importante trabajo teórico respecto a esta corriente, buscaron alejarse de los principios de zonificación impulsados por el racionalismo de comienzos del siglo XX, para formar comunidades en torno a proyectos de composición abierta y carácter socialista.

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Posteriormente, debido a la imponente personalidad que fueron adquiriendo estas estructuras, en las que sobresalen los acabados angulares y materiales áridos, como ladrillo, arena y cemento, muchas instituciones bancarias, edificios gubernamentales, universidades, museos e incluso centros comerciales adoptaron este estilo en sus construcciones.

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De ahí que puedan encontrarse ejemplos de estas edificaciones masivas, conformadas por elementos modulares que favorecen la función sobre la estética tanto en su interior como al exterior, en países como Inglaterra, Francia, Alemania, Australia, Brasil, Japón, Canadá, Estados Unidos, Filipinas e Israel, por mencionar algunos. Amado por muchos y criticado por otros, el brutalismo consiguió una expresión propia en la obra de arquitectos como Ernö Goldfinger, John Bancroft y Denys Lasdun.