Luces protagonistas
Bajo el encargo de LVMH de diseñar un centro de artes para la fundación Louis Vuitton en París, el arquitecto Frank Gehry concibió una radiante edificación.
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Durante años, el Jardin d’Acclimatation, en el Bois de Boulogne, en París, ha albergado centros de entretenimiento tanto tradicionales como innovadores. Abierto en 1860 por Napoleón III y Empress Eugénie, este  jardín y zoológico ha atraído visitantes en diferentes momentos de la historia con su casa de los espejos, el paseo por el río encantado, un teatro guiñol, una gran diversidad de juegos y, por supuesto, una vasta variedad de animales. Este otoño ha dado la bienvenida a la atracción más audaz y fantástica hasta ahora: la Fundación Louis Vuitton. El proyecto, un deslumbrante centro de arte y cultura contemporáneas, es una creación de Bernard Arnault, director y CEO de la marca de artículos de lujo LVMH Moët Henessy-Louis Vuitton, y fue edificado por el más lírico de los prestidigitadores arquitectónicos, Frank Gehry.

El exterior del edificio de 11 mil 700 metros cuadrados y 2.5 niveles se asemeja a un barco y está conformado por velas de vidrio ondulante. Parece una reproducción avant-garde del Jolly Roger capitaneado por Peter Pan a través del verde océano de árboles del Bois, que va dejando una estela de polvo de hadas a su paso. Cautivadora y majestuosa, la estructura se enciende en el parque con la delicadeza de la Victoria alada que yace en la escalera de la galería Daru, en el Museo del Louvre. Basta con decir que es el tipo de lugar que inspira la escritura de odas exultantes y complejas metáforas.

La historia de la Fundación comenzó en 2001, cuando Arnault conoció a Gehry y le propuso la creación de una institución que albergara la creciente colección de arte de LVMH, y que funcionara como plataforma de diversos programas culturales. Lo que se buscaba era un edificio realmente vanguardista, que reflejara el profundo compromiso de LVMH con las artes mediante una diversidad de campos creativos. Gehry recuerda su primer viaje al Jardin d’Acclimatation con Arnault como un momento determinante: “Pensé en toda la gente que debió haber jugado en esos jardines de pequeños, primero, y sobre todo en Marcel Proust”, compartió el arquitecto. “Se me salieron las lágrimas”.

El concepto de diseño del inmueble comenzó en 2004, y Gehry presentó los primeros bocetos a Arnault, quien se mostró entusiasta, al año siguiente. “Yo sabía que Frank Gehry era el hombre perfecto para crear un edificio que estuviera a la altura de nuestro compromiso artístico y que pudiera provocar emociones”, afirmó Arnault, quien, vía correo electrónico, expresó su admiración por el arquitecto entre cuyos triunfos se encuentran el Museo Guggenheim de Bilbao y el Walt Disney Concert Hall de Los Angeles.

Para la realización de este proyecto Gehry se inspiró en las elevadas estructuras de vidrio y acero del siglo XIX, incluyendo el propio Palmarium del Jardín, un espléndido escaparate de árboles exóticos, plantas y aves construido en 1934. El diseño del centro incluye algunos de los sellos distintivos —voluptuosas espirales, asimetrías dinámicas, un optimismo desbordante— que caracterizan las revolucionarias obras anteriores de Gehry. Sólo que en este caso el vidrio reemplazó al metal como material principal. “La idea de emplear vidrio se utilizó como recurso para contar con el apoyo del alcalde de París”, explicó. “Y fue esencial para que la Fundación se convirtiera en un edificio que realmente perteneciera al Bois de Boulogne, en el alma de un parque en el que juegan los niños”.

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Por supuesto, los museos no cuelgan las pinturas en paredes de vidrio, así que el arquitecto y su equipo concibieron un edificio dentro del edificio. El distintivo exterior de la Fundación, al que Gehry se refiere como la Verrièrre, está conformado por una docena de vidrios monumentales con forma de velas, todas ellas anguladas y superpuestas. Debajo se encuentra un ensamblaje de volúmenes irregulares, conocidos como el Iceberg, en el que se albergan 11 galerías de arte. El Iceberg está revestido por paneles blancos luminosos de fibra de hormigón armado, mientras que la Verrière se sostiene en el aire por una red de soportes de acero y vigas de madera en una audaz proeza de acrobacia arquitectónica. Para cumplir con las restricciones de la ciudad, los arquitectos excavaron en el sitio y erigieron una estructura bajo tierra, en la que colocaron un espejo de agua reflejante que destaca el aire náutico del edificio y lo baña de luz. Una cascada en uno de sus extremos le otorga un elemento cinético.

Aunque las galerías varían en extensión, altura y detalles arquitectónicos —algunas son extremadamente altas y están rematadas por tragaluces serpenteantes—, todas las salas cuentan con paredes cuadradas convencionales. Tras haber sufrido los comentarios de críticos que señalaron que el museo de Bilbao resultaba inadecuado para exhibir arte, Gehry afirma que el espacio de la Fundación ennoblecerá las obras que alberga. “Mis galerías son realmente buenas. Son simples y no están hechas en serie, así que el recorrido de una a otra nunca se siente monótono. Se pasa a través de ellas mediante espacios con luz natural”.

Durante la construcción del inmueble, LVMH se mostró hermético sobre las obras que se exhibirían, dejándolo como una sorpresa para la inauguración del edificio, a finales de octubre. Gehry ideó espacios para albergar obras de arte de todo tipo de tamaños. Se mostró particularmente emocionado sobre la posibilidad de instalar esculturas entre el Iceberg y la Verrière, un patio con espléndidos corredores, vertiginosos descansos de escaleras y jardines secretos que aumentan el aura de descubrimiento y deleite de la Fundación. “Es una propuesta complicada, y los artistas deben estar dispuestos a comprometerse realmente. Es posible que logren hacer un impacto en la arquitectura del lugar y que eso signifique para mí un reto que me ponga en una situación incómoda. Pero no estoy cerrado a ello”, aseguró Frank Gehry.

Uno de los artistas elegidos por LVMH es Ellsworth Kelly, quien realizó una serie de pinturas y una pantalla de escenario con rayas de colores para el auditorio de la planta baja de la Fundación. El amplio abanico de opciones que ofrece la programación en este espacio multifuncional es uno de los elementos clave para que la Fundación sea un foco de actividad cultural. En esta planta también hay tres amplias galerías en las que se presentarán desfiles de moda, entre otros eventos.

“LVMH y sus maisons siempre se han inclinado por cierto art de vivre, basados en una manera artesanal de hacer las cosas, pero al servicio de la creatividad actual y de la modernidad”, expresó Arnault. “Para los hombres y mujeres del grupo LVMH, esta nueva institución cultural será un motivo de orgullo y un símbolo de lo que son y del trabajo que hacen”. Desde este punto de vista, Gehry ve a la Fundación como una oportunidad de expandirse más allá del alcance del típico museo de arte. “Existen maneras de explorar la relación entre la moda y el arte que no deben ser sólo comerciales. El edificio debe estar abierto a la experimentación, así que espero que Arnault tenga ganas de llevarlo al límite”. Después de todo, ¿para qué viene la gente al Jardin si no es para jugar?