Santuario arquitectónico
El Museo Congonhas, en Minas Gerais, fusiona en sus trazos el fervor por la cultura y la doctrina religiosas.
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Arquitectura: GPA&A Gustavo Penna Arquitecto y Asociados

La devoción de las personas por su religión siempre ha sido tan fuerte que ha logrado motivar la construcción de inmuebles eclesiásticos verdaderamente espectaculares alrededor del mundo. Un ejemplo de ello es el Santuario del Buen Jesús de Congonhas, en el estado brasileño de Minas Gerais, el cual fue edificado entre los siglos XVIII y XIX y está catalogado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. El sitio cuenta con importantes obras de arte, como esculturas y pinturas de grandes maestros como Antonio Francisco de Lisboa. Por ello, y con el fin de mostrar la historia de este lugar, del arte sacro barroco brasileño y de explicar la riqueza de sus simbolismos, se decidió crear en el interior de este complejo religioso el Museo de Congonhas, un recinto de tres mil 625 metros cuadrados diseñado por el arquitecto Gustavo Penna a través de su firma, GPA&A Gustavo Penna Arquitecto y Asociados.

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El esquema se estableció estratégicamente en la cima de una cuesta del terreno con el fin de seguir el principio barroco de “la búsqueda de los cielos”, y su concepto principal fue la creación de un diseño actual y contemporáneo que no compitiera con lo ya existente; al contrario, se buscó crear un diálogo entre el paisaje natural y el artificial, como si fuese un encuentro entre el pasado y el presente. Esto se logró gracias a la selección de los materiales para los acabados exteriores, como la piedra natural de la región, la cual se utilizó para la base de los muros del primer nivel, así como por la sencilla volumetría de las fachadas, que siguen el ritmo y las proporciones de los vanos de las edificaciones antiguas.

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La arquitecta Laura Penna, coordinadora del proyecto, explicó: “El recinto busca enaltecer el eje simbólico que une los planos de lo sagrado, la memoria y la vida cotidiana. Quisimos establecer un vínculo con los motivos emblemáticos para preservar la jerarquía preexistente, la consistencia y la solidez de la colección”. El museo está dividido en tres plantas; en la primera se encuentran el vestíbulo, una sala de exposición, una tienda y una cafetería; el nivel inferior alberga una zona de muestras temporales, la biblioteca, un área de documentación, la administración y un teatro al aire libre, y en el nivel subterráneo está el centro de investigación, así como los talleres. Es importante mencionar que para los interiores de este complejo cultural brasileño se concibieron espacios fluidos y en tonos blancos con un diseño de iluminación natural —así como artificial— con el fin de lograr atractivos escenarios museográficos.