5 solicitudes que detestan los diseñadores de interiores
Así que piensa dos veces antes de hacerlas o desatarás su frustración (y furia)
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Para un interiorista o diseñador de interiores, aceptar la misión de convertir cualquier espacio en uno excepcional no viene sin escapar de imposiciones o limitaciones en su trabajo por parte del cliente.

A algunos clientes les cuesta ceder la batuta del proyecto, olvidando la razón principal por la que contrataron a un experto desde un principio. Dar un brief o compartir ideas de lo que se espera como resultado es válido y crucial (se trata al final de cuentas de un asunto personal), lo que no se debe olvidar es un refrán muy sencillo: “zapatero, a tus zapatos”.
 

 

> "Aplica el feng shui".
No todos los diseñadores son especialistas en este arte ancestral chino. Por supuesto que lo conocen, sin embargo, cada uno tiene una técnica, feeling o visión muy distinta; no significa que sean partidarios o creyentes. Lo peor es que, de aceptar, el responsable del proyecto se siente presionado a diseñar con fórmulas muy cerradas o incluyendo cosas específicas, las cuales terminan condicionando su libertad creativa. 

> No me quiero deshacer de esto, eso y lo otro.
Está bien sentir cierto apego emocional o darle un significado especial a uno que otro objeto, pero en la mayoría de los casos, solo se traduce en un rechazo al cambio, que además limita al diseño, sobre todo si el tamaño de lo que se desea conservar es grande. Por ejemplo, no renunciar a un comedor, un sillón o una cama no son tanto retos sino obstáculos en el caso de que rompan por completo con el concepto definido. 

 

> "Quiero supervisar".
Dar una vuelta o pedir avances es común, lo que no se vale es llegar a evaluar un trabajo todavía sin pulir o terminar o avanzado y quererlo cambiar. Se supone que en el proceso de consultas, el visto bueno ya se dio, por lo que no debería haber problema. En este punto también entra el típico recorte de presupuesto (se supone que ya se había aceptado) porque está saliendo muy caro, y la falta de comprensión respecto a necesidades que surgen -lo cual ya estaba contemplado en el plan original antes de ponerse manos a la obra-, sobre todo si son lugares viejos y sin un óptimo mantenimiento.

> Lo quiero lo más pronto posible.
Y la culpa la tienen los reality shows de extreme makeovers de casas, departamentos o negocios. Ninguna renovación es tan rápida, aunque en la tele parece que en una semana quedó todo listo. El modo constructivo de nuestro país es muy diferente al de los Estados Unidos, en el cual todo es prácticamente prefabricado para agilizar el proceso, pero aún así el periodo jamás sería menor a veinte días. Lo bueno, bonito y barato -y rápido- no existe. Las cosas bien hechas toman su tiempo… y cuestan, incluyendo paciencia. 

 

> Replica esto que vi… ¡en Pinterest!
No falta quien pida “Quiero que las mesas se vean de esta manera, con esta iluminación y con este tipo de manualidades” (enseña la foto en el celular). Más allá de una inspiración, exigen una copia fiel a lo que les ha enamorado la pupila. Se termina entonces la originalidad y se pasa a un proceso de réplica o manufactura; un plagio que ningún diseñador ético y que respete su profesión aceptaría hacer bajo ninguna circunstancia. Después de todo, como el resto de los artistas, necesitan libertad e independencia para desempeñarse con éxito.