Diseño en equilibrio
Valle de Bravo es un refugio de ensueño para diseñar una casa de fin de semana acogedora y llena de vitalidad.
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Arquitectura: Federico Gómez Crespo

Diseño Interior: Covadonga Hernández

Apasionada del dibujo desde muy joven, Covadonga Hernández no tuvo ninguna duda al momento de elegir sus estudios. La carrera de arquitectura de interiores le pareció perfecta, ya que abarcaba diseño arquitectónico, industrial, gráfico y textil. Un año después de terminar la universidad, fundó su propia marca, MarqCó. Viajera incondicional, acude a ferias de diseño e interiorismo internacionales, pues según ella, “es necesario abrirse y conocer otras culturas, así como entender la forma de vida de las personas para poder crear un diseño singular”. Situado en un entorno excepcional en Valle de Bravo, esta casa de 800 metros cuadrados —cuya arquitectura fue concebida por Federico Gómez Crespo— es el resultado de una fusión de estilos. Los materiales, las texturas y las tonalidades neutras —empleados por Covadonga Hernández— dan vida a una atmósfera relajada y elegante.

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“En este proyecto era de vital importancia contar con áreas grandes para la convivencia familiar y el contacto con la naturaleza. Todos los espacios poseen su propia fuerza y personalidad”. Las áreas proyectan una sensación de simplicidad que invita a volver la mirada hacia el exterior para contemplar el paisaje natural. La terraza es el espacio más habitado durante el día, pues aquí la familia puede convivir cómodamente. La mesa de centro cuenta con una chimenea, lo que refuerza su carácter acogedor. “Para mí, el interiorismo es darle estilo y personalidad a un espacio en el que comprendes las necesidades de los clientes y sus aspiraciones para que se sientan a gusto cada día”, afirmó la diseñadora. En el comedor, la protagonista es una mesa hecha de una pieza única de madera sólida. Las sillas, las lámparas y los cuadros presentan líneas sobrias y elegantes. “Prácticamente todo el mobiliario fue diseñado y fabricado en nuestra planta y es 100% hecho en México”, destacó Covadonga.

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Completamente abierta hacia el horizonte, la sala es el punto central de la vivienda, “ya que tiene vistas al lago, a la naturaleza y a la arquitectura de la casa”. El mobiliario, de apariencia ligera, se integra perfectamente a esta área. “A mucha gente le gusta el estilo de los interioristas mexicanos, pues es muy detallado y artesanal. Al no contar aún con una gran industria ni con producción en serie, muchos de los muebles y objetos son piezas únicas que no se encuentran en ningún otro lugar”. En la recámara, la madera otorga calidez e ilustra la preferencia de la interiorista por los materiales naturales. Los tonos de los accesorios y telas, incluso el tapete, generan paz, mientras que el espejo y la lámpara otorgan movimiento y los toques indispensables de eclecticismo. “Me gusta crear de la mano de las personas para entender su esencia y diseñar cada elemento, cada espacio. El resultado se traduce en un estilo de vida en equilibrio, que se convierte en bienestar día a día”, Covadonga Hernández.