Mix de estilos en el corazón de Bel Air
Una residencia de 600 metros cuadrados alberga a una familia sueca, así como gran pasión por la estética y las artes.
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En Los Ángeles no hay vida real, ocurre con frecuencia. La vida es variada y siempre tenemos amigos que van y vienen. Lo mejor es cuando nuestra hija Bianca toca el piano mientras Elton mira un juego de basquetbol y Enzo brinca en el tumbling. Nosotros realmente vivimos en la casa y utilizamos nuestro espacio”, comentó Pauline, quien trabaja como estilista privada en LA. “Fuimos a la planta abierta. Techos altos y todas las habitaciones con puertas que dan hacia la luz y a la naturaleza. La sensación de que era una galería nos recordó nuestra primera casa en Östermalm”.

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La familia compró la casa en 2011 y dedicó los primeros dos meses a raspar y a lijar todo el piso de ocho habitaciones. En el lapso de unas cuantas semanas lo más importante del mobiliario estaba en su sitio. “Veníamos de un departamento en el Upper East Side, en Nueva York, así que no teníamos muchas cosas nuestras aquí. En arte ya hemos invertido algo, pero la mayoría de las veces tenemos que comprar”.

El resto de los muebles estaba madurando debido a un interés común por un diseño personal y dinámico. En sus combinaciones ellos son valientes, inflexibles e innovadores, por lo que el visitante es impactado por la intensidad con la que se le invita a un rendez-vous estético.

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Lo más importante para ambos es que el hogar se sienta relajante y acogedor. La casa se extiende sobre un suelo rústico de madera en tonos suaves, naturales y sobrios. Junto con el flujo de luz natural alcanza los colores básicos en un sentido de lujo sofisticado. Asimismo, rompe deliberadamente con las tonalidades matizadas mediante explosiones de color brillante y elementos gráficos. El diseño de la casa mantiene la constante de mezclar las épocas pasadas con la innovación y lo trendy —estructura relacionada con interiores impredecibles e incidentes decorativos. En la sala se observa una mesa lateral antigua, de los años 20, y en las paredes una mezcla de arte fotográfico contemporáneo de Stefanie Schneider, con una lámpara de focos alados Birdie’s Nest, de Ingo Maurer.

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Pauline y su esposo han logrado construir en la vivienda una sensación caprichosa de “paz, lujo y rock’n’roll”, pero con soluciones prácticas que crean una vida cómoda y relajante para la familia. “A menudo tenemos huéspedes de Suecia que se quedan con nosotros; invitamos a nuestros amigos a cenas y reuniones, y todos los días cocinamos diversos platillos juntos. Aunque los fines de semana, también nos convertimos en los choferes de los niños, quienes practican tres deportes y tienen una intensa vida social”.

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