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  • Karine Monié
  • 06|04|2015
Esculturas en movimiento
Artista del siglo XX, el estadounidense Alexander Calder (1898-1976) mantuvo una cercanía con México durante su carrera.
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Calder no es un creador ordinario. Fascinado desde niño por la mecánica y la fabricación de objetos, estudió primero Ingeniería, una disciplina que sin duda impactó su obra más tarde. Fue a principios de los años 20 que decidió dedicarse exclusivamente al arte, razón por la cual aprendió a pintar y a dibujar en Nueva York en esa época. Después de haber empezado su carrera como ilustrador para la prensa norteamericana, encontró en la escultura el medio perfecto para expresarse. 

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Establecido en París de 1926 a 1933, Calder conoció a artistas destacados de la vanguardia como Man Ray, Marcel Duchamp, Joan Miró y Piet Mondrian, cuyo arte tuvo gran importancia en la evolución de su trabajo. Conocido por el gran ingenio de sus piezas y su paleta colorida basada principalmente en el rojo, negro y blanco —colores también utilizados por los constructivistas rusos—, Calder fue sobre todo un maestro del movimiento. 

Para descubrirlo, se puede visitar la exposición “Calder: derechos de la danza”, organizada por la fundación Jumex Arte Contemporáneo en el Museo Jumex de la Ciudad de México, hasta el próximo 28 de junio. Con la presentación de más de 100 obras producidas entre 1920 y 1970, es la primera muestra extensiva del escultor en nuestro país desde hace 25 años. 

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Inventor del “móvil”, una de las formas más atrevidas de la escultura del siglo XX —que fue nombrada así por Marcel Duchamp en referencia al arte cinético—, Calder compartió una relación particular con países como México, Venezuela y Brasil, a donde viajó frecuentemente a partir de 1948. De hecho, fue celebrado por sus amigos latinoamericanos en su tiempo. Curada por Alexander S. C. Rower, presidente de la Fundación Calder y nieto del artista, la muestra toma como punto de partida estas conexiones. 

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El estadounidense es conocido por el empleo de materiales poco convencionales, como el alambre de acero, que permitió crear objetos tridimensionales sin masa, nunca antes vistos. Iniciador de experiencias visuales y nuevas percepciones, Calder se distinguió también en el arte monumental. Uno de los mejores ejemplos es Sol rojo, con 25.8 metros de altura, producido para la “Ruta de la Amistad”, por invitación de Mathias Goeritz, amigo de Calder. Este proyecto consistía en invitar a artistas de los cinco continentes para realizar el corredor escultórico más grande del mundo —17 kilómetros— en el marco de los Juegos Olímpicos de 1968 en México. Por su escala, la obra Sol rojo se fusiona con las dimensiones del Estadio Azteca. 

Como suspendidas en el aire, las piezas de Calder juegan con los conceptos de equilibrio y desequilibrio, simetría y asimetría, siempre con fluidez y expresividad. “Justo como uno puede componer colores o formas, también se puede componer movimiento”, escribió el artista.

Museo Jumex

22 de marzo a 28 de junio de 2015

www.fundacionjumex.org