• Cultura
  • Santiago Toca Uriarte
  • 15|04|2018
El ARTE de la naturaleza
Nos adentramos en el jardín onírico del artista mexicano Patrick Pettersson.
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En la Persia del siglo XII, el poeta sufí Farid ud-Din Attar escribió uno de los grandes relatos épicos de la literatura: El coloquio de los pájaros. En él, 30 mil aves se reúnen bajo la guía de la abubilla en busca del Simurg, un ave que vive desde el origen de los tiempos y había acumulado toda la sabiduría. Uno no piensa muy a menudo en estos temas cuando entra en una sala de arte contemporáneo, y tampoco en la caligrafía persa del siglo XVI que ilustra estas fábulas y sobrevive exquisita hasta nuestros días. Y, sin embargo, al entrar al estudio del artista Patrick Pettersson, en medio del bullicio y del caos de la ciudad, esas fueron las imágenes que comenzaron a saltar en mi mente. La sensación que tuve fue la de estar en un oasis, literalmente, en un lugar con agua en medio del desierto, en donde crece la vegetación, y a donde llegan toda clase de animales y pájaros a convivir en un coloquio idílico. Arcadia.

Dos notas son sobresalientes en la obra de Pettersson. La primera, es la devoción que el artista tiene por el oficio. Su control de la pintura se suma a la experimentación con superficies como tela, madera y papel, con técnicas de esgrafiado, dibujo y grabado, que se funden en su obra con naturalidad y maestría. La segunda, la revisión que Pettersson hace de motivos ornamentales que van desde cánones clásicos o prehispánicos hasta el ornamento como motivo central en el arte islámico.

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La estética de este artista mexicano con ascendencia sueca está influida por la obra de los grandes artistas exploradores como John James Audubon, quien recorrió grandes extensiones para catalogar y reproducir la belleza de las aves y especies de América. Los artistas del siglo XIX miraban la naturaleza con el ánimo de ilustrarla y ordenarla, de crear un catálogo de la realidad natural. En el caso de Pettersson, sin embargo, sus cuadros no son ilustraciones. Su universo creativo surge de un lugar propio y de una estética muy poco visitada en el arte de nuestros días.

Al revisar su obra, es inevitable reparar en que sus paisajes, aves, árboles totémicos y selvas laberinto no existen en la realidad. Más bien, como sucede en Oriente —desde la caligrafía persa hasta los paisajes tradicionales de Japón o China—, la naturaleza es usada como herramienta para reproducir un mundo simbólico que vive en el interior del artista.