La arquitectura cinematográfica de Guillermo del Toro
En el marco del XV FICM, el director descifra los códigos que moldearon la estética de su premiada cinta “La forma del agua”.
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Un director es al cine lo que el arquitecto a los espacios. Construyen historias, ambientes y universos donde el más mínimo elemento contribuye a una narrativa y en el cine incluso, cada uno de esos pequeños detalles contribuyen a contar la trama.

En su más reciente cinta “La forma del agua”, Guillermo del Toro prestó atención a detalles como el color, las texturas y hasta las referencias de los grabados japoneses para contribuir a relatar la historia de amor entre una criatura submarina y un humano.

“La estética no surge separada del contenido, es parte del contenido. Todo lo que sea visual está dando un código”, ha explicado en el marco del XV FICM.

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El realizador recurrió a una metódica codificación de colores para relatar la personalidad de cada personaje. El azul y la gama de tonos y luces frías les fueron asignados a todo aquello vinculado al agua; y elementos como el aire son codificados con colores cálidos. La precisión fue tal, que en la cinta ambientada en 1962, el color verde representa todo lo vinculado a la vanguardia. “Cada vez que se habla del futuro, en elemento como un auto o un laboratorio, se habla del verde”

Para Del Toro la construcción de todo este universo es parte de un proceso integral que concibe desde que piensa en el guion y no se pueden pensar de manera aislada. “La historia dicta qué formas vas a tener la película”. Detalles mínimos en cada escena, como una ventana curva que vincula dos departamentos, remiten a formas orgánicas como las olas.

La labor de la creación de este universo fílmico fue minucioso. “Milímetro a milímetro vas construyendo la estética”. Lo dice que forma casi explícita, pues incluso en alguna escena se reproduce, con un efecto de humedad, el famoso grabado que es la Ola gigante de Okinawa, según explica.

La aproximación del realizador no es necesariamente explícita como lo explica al describir la inspiración de diseño de la criatura: el grabado japonés La Gran Carpa. “Milímetro a milímetro vas construyendo la estética”, señala. Por ello, el proceso de creación de la criatura protagonista, cuyo desarrollo conceptual tomó uno tres años y cuyo maquillaje se realizaba completamente a mano, pues debía resumir códigos como texturas, escamas y referencias a salamandras y sapos además concentra todos los colores de la cinta”.

Sin duda alguna, la habilidad de codificación del cineasta, suman una razón para ver su más reciente trabajo que llegará próximamente a las salas mexicanas.