Con alma mexicana y espíritu maya
Alejandro Escudero creó un espacio idílico en el entorno natural de Quintana Roo.
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Uno de los escenarios más bellos de México es el que ve hacia el mar del Caribe, en la costa de Quintana Roo, y se ha posicionado como el lugar más dinámico para la industria turística del país. Esto, debido a la combinación de un mundo cosmopolita, multicultural y, al mismo tiempo, una sociedad que aún conserva tradiciones mayas. La zona ha crecido de manera exponencial desde Tulum hasta Cancún, siendo este último el sitio en donde los grandes resorts y cadenas hoteleras internacionales han desarrollado su propuesta de hospitalidad. La arquitectura masiva ha sido el común denominador. Sin embargo, un respiro de buen gusto se aloja en Punta Nizuc, donde el arquitecto Alejandro Escudero proyectó un hermoso hotel con una arquitectura potente y raíces mexicanas que no se pelea con la naturaleza del lugar, sino que la rescata y la entiende, para brindar un verdadero oasis, individual y único frente a las cálidas aguas del mar caribeño.

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En cada espacio se armonizan de manera perfecta las líneas modernas con aspectos e inspiraciones mayas, los cuales se fusionan con la naturaleza para crear espacios idílicos. La utilización de materiales locales, naturales y orgánicos, junto con una paleta de colores que entreteje los tonos de los paisajes, logran un telón de fondo donde se combinan el blanco de la arena, el azul del mar y el verde selvático, para crear un hotel que transporta al paraíso.

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El arquitecto Escudero se inspiró en una combinación de detalles de la década de los 50, incluyendo referencias mayas y asiáticas. El uso de materiales reciclados, como las vigas de madera tropical y las ramas del manglar remanentes de un huracán en el techo del restaurante principal, apoyan la idea de un valor estético dado por cualquier material natural a través del tiempo.

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El vestíbulo principal está sobre un espejo de agua de más de tres mil metros cuadrados, que otorga una sensación de grandeza natural. Sus persianas de madera de más de cuatro metros de altura, así como sus sofás y sillas de la firma URBANA crean un ambiente cálido y elegante. Taburetes de bronce y antiguas piezas orientales complementan las cuatro esculturas en los muros, obras de Jan Hendrix, hechas con coral y bronce.