Reinvención vanguardista
El Four Seasons de la Ciudad de México celebra su vigésimo aniversario con una renovación total bajo la firma Gilles et Boissier.
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Desde la década de 1990, el Hotel Four Seasons de la Ciudad de México se ha mantenido como un icono de la hotelería de lujo en esta urbe. No obstante, la celebración del vigésimo aniversario de su apertura fue el pretexto perfecto para reinventarse y ofrecer un nuevo concepto a sus huéspedes. De este modo, la exclusiva firma francesa de diseño interior Gilles et Boissier fue seleccionada para renovar este espacio brindándole una personalidad vanguardista y audaz, pero manteniendo la elegancia que caracteriza a este hotel ubicado en el corazón de la Ciudad de México.
 

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Uno de los aspectos fundamentales para este despacho, el cual ha encabezado el diseño de hoteles como el Baccarat en Nueva York o el Mandarin Oriental en Marrakech, fue desarrollar la propuesta creativa a partir del contacto con la cultura mexicana y tomando como base el análisis del edificio —puesto que la renovación fue esencialmente estética y no estructural—. “Nos gusta estar muy abiertos a diferentes culturas y utilizar las expresiones arrísticas del país en el que estamos trabajando. Era importante hacer un proyecto que estuviera en línea con el edificio, que incorporara elementos de la cultura mexicana y, sobre todo, que fuera atemporal”, comentó Dorothée Boissier, socia fundadora del despacho Gilles et Boissier, en entrevista exclusiva para AD México. Por este motivo, los creativos decidieron mantenerse alejados de modas para lograr plasmar su propia visión innovadora.
 

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“Tratamos de que no nos importen las tendencias en la medida de lo posible, pues cuando te apegas a una de ellas, ésta cambia y tu proyecto pierde fuerza. Tratamos de ser reales, de ser auténticos, de pensar en las personas que estarán en el lugar, en lo que harán, en lo que quieren ver, en cómo actuarán ahí y qué les gustaría sentir”, afirmó Dorothée Boissier. Uno de los puntos centrales del diseño fue el lobby, al cual se buscó separar del aspecto tradicional de la mayoría de los hoteles, con un aire más frío e impersonal, para darle un aspecto más cercano a una sala de estar, pero atendiendo las necesidades de una diversidad de huéspedes. Para ello, la selección de materiales residenciales, como madera, mármol, piel y alfombras, fue clave, así como el trabajo de diferentes artistas, quienes plasmaron su visión en distintos muros de la recepción y el lobby.

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“Es muy importante crear una sensación ‘residencial’ y de confort para los huéspedes. No se trata de que se sientan como en casa, pues normalmente sus hogares son muy distintos, pero sí de que se sientan muy cómodos ahí”, añadió. Finalmente, uno de los espacios del hotel que hoy resurgen con un nuevo rostro es el patio central, al que Boissier y su esposo y socio, Patrick Gilles, consideraron el corazón del proyecto. “Amo el patio porque es hermoso, exótico y lleno de naturaleza. Hicimos cambios en los colores y en el paisaje en general, y considero que hoy es un lugar con más vida, en el que quieres estar para disfrutarlo”, finalizó Dorothée.