Secreto bien guardado
Este hotel boutique es una pequeña joya en pleno centro de la ciudad más encantadora de la Provence francesa.
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Entrar en La Maison d’Aix asegura descubrir un remanso de paz lleno de misterio y de sensualidad. Ubicada en Aix-en-Provence, esta casa que data de finales del siglo XVIII fue adquirida en 1903 por la anticuaria Henriette Reboul, un personaje intrigante que frecuentaba a los famosos de esta época. Según la historia, Henriette recibió aquí a muchos de sus amigos y amantes. Además, al anochecer, la propiedad era uno de los lugares de encuentro de artistas como Cézanne y Picasso, en particular la actual sala común roja donde los asientos de terciopelo y las obras de arte reflejan una estética ecléctica. Gracias a los arquitectos Laure Juhen y Louis Mariotti, esta casa retomó vida este siglo, después de una renovación cuidadosa y auténtica que tardó tres años y fue llevada a cabo en colaboración con los artesanos de gran talento Les Compagnons de France.

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Tanto en los espacios compartidos como en las cuatro habitaciones, el espíritu de la enigmática anticuaria sigue presente. Materiales como la piedra de Jerusalén y la madera que tiene centenas de años de edad se combinan con piezas de mobiliario contemporáneas –algunas diseñadas a la medida– y obras de arte coloridas en una atmósfera fuera de tiempo. En la Maison d’Aix, el servicio es discreto pero ultra personalizado. Miles de atenciones dan la sensación a los huéspedes de estar como en casa. En la cocina, fruta y café se encuentran a disposición, y siempre hay botellas de champagne en el refrigerador. Se dan recomendaciones de buenos restaurantes e interesantes visitas como el estudio de Cézanne –artista originario de Aix-en-Provence– y el sublime centro de arte Caumont que se sitúa a algunos metros del hotel. El hermoso corazón de la ciudad de Aix-en-Provence se puede visitar a pie desde La Maison d’Aix, como por ejemplo la avenida principal Cours Mirabeau bordeada de cafés animados. 

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Glamour, elegancia y magia se desprenden en todos los espacios del hotel. De una superficie de alrededor de 30 metros cuadrados, los tres cuartos son verdaderos estuches íntimos donde colores sobrios como el blanco y negro predominan. En el último piso, la Love Suite es la más lujosa y amplia opción (72 metros cuadrados). Bañada de luz natural gracias a su doble exposición, cuenta con un espacio sala y oficina, una sala de baño con tina y ducha, y una terraza. Todos los días, el delicioso desayuno se sirve en el jardín de invierno con croissants y panes frescos típicamente franceses. En el sótano, debajo de bóvedas antiguas, el pequeño spa y jacuzzi ofrecen momentos de serenidad y de bienestar. Refugio confidencial, La Maison d’Aix es ideal para acercarse a lo mejor de la Provence: su encanto, su gastronomía y su arte

www.lamaisondaix.com