La majestad de Paseo de Gracia
Símbolo del esmero por la excelencia hotelera, los 90 años del Majestic Hotel & Spa son la síntesis de su relevancia en la sociedad de Barcelona en el marco de grandes acontecimientos históricos.
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A casi un siglo de historia, el Majestic Hotel & Spa ha sido un punto de encuentro obligado en Barcelona. Personajes como los poetas León Felipe y Federico García Lorca, los pintores Joan Miró y Pablo Picasso, el escritor Ernest Hemingway y la bailarina Josephine Baker, entre otros, han conocido su emblemática hospitalidad, un auténtico símbolo de la ciudad de las ramblas. En 2013, el hotel   fue objeto de un ambicioso proyecto de remodelación. Su noveno piso, hasta entonces todavía habitado por miembros de la familia Soldevila-Casals (dueños del inmueble), se transformó e integró al resto del complejo hotelero mediante la creación de tres magníficas penthouse suites —la Sagrada Familia, la Antonio Machado y la Paseo de Gracia—, cada una de las cuales cuenta con un estilo único.

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En el número 70 del Paseo de Gracia, el edificio ubicado en la esquina de calle Valencia alberga 275 habitaciones —las 340 habitaciones originales fueron sacrificadas en número para ofrecer al huésped una estancia en absoluta comodidad en espacios más amplios—, de las cuales 47 son suites. El hotel se encuentra a unos metros de edificios tan emblemáticos como La Pedrera o Casa Batlló, las ramblas, el mercado de la Boquería y el barrio Gótico. 

Martín Casals visualizó y estableció en 1918 el Majestic Hotel Inglaterra en un inmueble de estilo neoclásico, un proyecto que comenzó con 100 habitaciones y que se convirtió de inmediato en el pulso de las celebraciones sociales de Barcelona. Tanto la aristocracia como la alta burguesía realizaban en su gran salón concurridos eventos. Tras la muerte de Martín Casals, en 1963, la nueva generación y administración de la familia Soldevila-Casals se enfocó en darle al Majestic un nuevo toque más acorde con la industria hotelera, al introducir la gastronomía de alta gama. El reconocido restaurante del hotel, el Drolma, fue el primer restaurante catalán en recibir la apreciada estrella de la Guía Michelin. 

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Dentro de los muros del Majestic se han colgado más de mil obras de arte, piezas de pintura, escultura y obra gráfica, donde destaca el mural a base de mosaico del artista estadounidense Philip Stanton, que enmarca La Dolce Vita, el espacio de la terraza abierta y la piscina, ubicadas en el piso 10. Desde ella se aprecia el paisaje urbano de Barcelona: Mont Juïc, la Sagrada Familia y el Tibidabo, y, en algunos días, las orillas del mar Mediterráneo.

El respeto por la arquitectura neoclásica ha sido uno de los puntos de referencia para el reconocido diseñador Antonio Obrador, quien ha logrado fusionar los elementos del pasado y de la historia personal del Majestic con otros más actuales, proyectando un hotel ecléctico, atemporal, respetuoso a los orígenes y con una propuesta confortable. Los espacios sociales han ganado amplitud y luminosidad, transformándose en ambientes frescos. Las habitaciones,  gracias a la atinada combinación de mobiliario contemporáneo con textiles lujosos de óptima calidad, dan como resultado un espacio funcional, elegante y acogedor. La luz es la principal protagonista, desde la reubicación del restaurante en el primer piso, hasta el jardín vertical del patio interior. 

www.hotelmajestic.es