En evolución constante
A través del jardín privado Dijkerhoek, el arquitecto de paisaje Ronald van der Hilst encontró el perfecto equilibrio entre lo efímero y lo atemporal.
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Paisajismo: Ronald van der Hilst

Apasionado por las flores desde muy joven, Ronald van der Hilst —originario de Holanda que vive en Amberes, Bélgica—, considera que “diseñar un jardín es un lenguaje”. Introduce la poesía en sus proyectos a través de la luz, del cambio de colores y aromas en función de las estaciones y del sonido de las hojas de los árboles. “Numerosos elementos juegan un papel en un jardín, así que éste debe ser concebido para reflejar cada día del año”, Ronald van der Hilst.

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Situado al noreste de Holanda, en el pequeño pueblo de Dijkerhoek, este jardín fue creado para el hombre de negocios Willem Boer, quien falleció en 2013, y hoy pertenece a su hijo, Menno Boer. Inicialmente era una mezcla de muchas ideas. Ronald van der Hilst trabajó en crear una sola entidad, “como un cuerpo humano que es uno pero tiene distintas funciones y formas”.

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Luego, el arquitecto de paisaje vinvuló el jardín con el paisaje circundante y siguió el principio de genius loci, el “espíritu del lugar”. Históricamente había muchos robles en esta área, pues se utilizaban para el sector de la construcción. Además de los antiguos árboles que ya estaban, Ronald van der Hilst decidió plantar otros para dar vida a un verdadero jardín de robles.

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Al caminar hacia la casa se descubren distintas atmósferas que transmiten serenidad, drama y ritmo. Algunas secciones del jardín son masculinas y otras más femeninas, con flores color blanco, rosa, naranja y rojo. El agua es también un elemento importante, en particular gracias a la alberca y sus pequeñas cascadas. “Lo más fascinante en la arquitectura de paisaje es lo inesperado. Un jardín no es una ‘cosa’, es un ‘proceso’ constante”, concluyó Ronald van der Hilst.