Aelita Andre
A sus siete años ha dejado perpleja a la escena artística alrededor del mundo.
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El expresionismo abstracto es un movimiento pictórico que surgió a principios del siglo XX y que podría ser considerado la primera tendencia artística propia de Estados Unidos. Sus características predominantes son la utilización de lienzos de gran formato —generalmente pintados al óleo y con colores intensos—, cuyas líneas suelen carecer de figuras, con excepción de ciertos casos, como ocurre con algunas de las piezas de William Kooning. Otros destacados representantes de este movimiento son Jackson Pollock (su máximo exponente) y el artista Cy Twombly.

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Aunque es verdad que dicha tendencia pertenece a los años 40, 75 años más tarde nos encontramos con la que podría ser, si los críticos aciertan, la nueva representante del expresionismo abstracto, a quien reconocidas publicaciones se han atrevido a nombrar como “la nueva Pollock”. Esto puede representar un reto importante en su carrera, pues la nueva promesa del arte tiene tan sólo siete años. Su nombre es Aelita Andre y, además de pintar obras valuadas en cinco dígitos, disfruta jugar y tocar instrumentos y, cuando crezca, quiere ser una oruga, como lo afirmó durante una entrevista para Good Morning America.

Es evidente que como hija de artistas haya heredado su pasión por esta disciplina. Su padre, Michael, pintaba de vez en cuando como pasatiempo. Fue así como su primer encuentro con el lienzo se llevó a cabo a los 15 meses de nacida. Casi por instinto, la australiana tomó las herramientas de pintura de Michael y puso manos a la obra. Sus padres, entusiasmados, vieron la pieza finalizada y observaron una obra digna de un artista consolidado, pues la ejecución y el efecto que producía en el espectador son indescriptibles. Posteriormente, su madre, Nikka, se acercó al curador de la galería BSG en Melbourne, Australia, en busca de una opinión profesional. El curador quedó atónito ante la serie de piezas sin saber la edad de la autora. Al enterarse de que la artista tenía menos de dos años, insistió en incluirla en “Soul Catcher”, una exposición que preparaba en aquel entonces. El éxito fue rotundo, y meses más tarde Aelita tuvo su primera exhibición individual y su nombre comenzó a sonar alrededor del mundo.

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Aelita encuentra inspiración para sus obras en las ciencias, las artes y en su vida cotidiana, pues aunque pueda resultar inverosímil, su obra es plena en cuanto a discurso visual. Sus series están basadas en la música e incluso en obras de Carl Sagan, que a ella, sorprendentemente, le resultan fáciles de comprender. A su padre le disgusta el término prodigio, sin embargo, ¿de qué otra manera podríamos llamar a una niña cuya técnica es perfecta y única?

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El trabajo de Aelita ha sido expuesto en bienales de arte en Italia e Inglaterra, así como en importantes galerías alrededor del mundo como la Galería Agora y la Galería 151, en Nueva York, y la AHAF, en Hong Kong, entre otras. Actualmente, Aelita se encuentra experimentando con la escultura y, aunque muchos artistas se han ofrecido a “enseñarle”, ella se niega a recibir tutoría, pues afirma que quiere ser original.